MENSAJE
Oyó el disparo
- Hermano Pablo,
- Costa Mesa, California
Había sonado a dos
metros por detrás de él. Sintió un golpe de refilón
en la cabeza.
Vio una luz deslumbradora con el ojo izquierdo. Y de inmediato sintió
un ardor horrible de la parietal, y sangre caliente que corría por
su cara.
John Poke, oficial de policía de Melbourne, Australia había
recibido un balazo de un pistolero. En un instante comprendió toda
la situación, y en un instante gritó: "Oh, Señor,
no dejes que me muera de esta manera. ¡Déjame ver a mis cinco
hijos otra vez!" Y tras esa oración, cayó desvanecido.
Al día siguiente, John Poke estaba de nuevo en servicio. La bala
no le había penetrado el cráneo pero había trazado
un canal entre el hueso y la piel. "Es como haber nacido de nuevo",
dijo Poke, y tengo que aprovechar esta nuestra vida".
Amigo, hay oraciones que tardan bastante tiempo en ser contestadas. Hay
otras que son contestadas de inmediato. La oración de John Poke fue
una de estas.
Llamado a intervenir en un asalto, enfrentó a un pistolero y le
dio el alto. Como respuesta, un segundo asaltante le disparó por
detrás.
Cuando alguien pasa por una experiencia como ésta, en seguida
siente que Dios le está dando una nueva oportunidad. Y esa nueva
oportunidad debe ser aprovechada llevando una vida mejor.
Casi todos los que han clamado a Dios desde al borde de la muerte han
cambiado de vida. Como dijo Poke: "Tengo que aprovechar esta nueva
vida".
No es necesario recibir un balazo en la cabeza para cambiar de vida.
Pero sí es necesario recibir un golpe en la conciencia, un toque
en el corazón.
Y cuando estas cosas ocurren y nos damos cuenta de que estamos viviendo
mal, y necesitamos un cambio drástico de vida, podemos clamar como
lo hizo el policía de Melbourne: "Señor no me dejes morir
de esta manera".
Y el Señor Jesucristo, que no hace distinción entre personas,
acude de inmediato para salvarnos.


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