Lunes 25 de enero de 1999

 








 

 


FAMILIA
Tipos de tratamientos para los que abusan de la droga

Roberto L. DuPont Jr. M.D.

Supongamos que ya analizó el problema causado por la droga y que ha tomado una decisión. Si opta por la acción familiar como primer paso, deje claro a todos que no habrá concesiones en el objetivo de una vida totalmente libre de drogas y que el lema de la familia será: "Haremos lo que sea necesario". Si el problema persiste, fortalezca sus esfuerzos para detenerlo. Empiece poco a poco, pero con seguridad. Una advertencia: no subestime el peligro o juzgue mal la importancia de una crisis. He visto muchas familias que subestimaron la seriedad del conflicto y de las consecuencias del uso de droga. Al hacerlo, retrasaron sus respuestas, estableciendo nuevos modos de resistencia al tratamiento. Exagerar también puede ir en detrimento del éxito del tratamiento, pero en más de una década de trabajar con adictos y sus familias, no recuerdo una sola familia que haya exagerado respecto al asunto. La prudencia debe guiarlo: no subestime el peligro. Sea escéptico al juzgar.

En términos generales, el tratamiento puede dividirse en dos tipos: 1) grupos de autoayuda, como AA, Narcóticos Anónimos y Familias Anónimas, y 2) tratamiento profesional. Dudé al usar el término "profesional" en este contexto porque podría deducirse que la gente que tiene títulos tiene experiencia en el tratamiento y que la gente que no los tiene -por ejemplo, los que trabajan en los grupos anónimos- no está capacitada. Esta no es la conclusión a la que quiero que llegue. Más bien, al hacer esta diferenciación, estoy tomando en cuenta sólo dos factores: la formalidad del tratamiento y el costo del mismo. La ayuda y servicios que proveen los grupos anónimos son gratuitos. Los de un profesional cuestan al usuario, a su familia, a su compañía de seguros o al contribuyente. Los grupos anónimos tradicionales no aceptan el financiamiento público.

Dentro de la categoría de tratamiento profesional hay dos divisiones amplias. La primera es el enfoque de salud mental u orientación; este tipo de tratamiento puede darse en el consultorio de un siquíatra, sicólogo, trabajador social, enfermero u otro profesional de la salud. También puede darse en una clínica, iglesia o programa comunitario. Nótese que esta vigilancia individual no es parte de un programa de tratamiento organizado. Más bien es parte de un esfuerzo más generalizado.

La segunda división abarca el programa formal estructurado, lo que la mayoría de nosotros entiende cuando se habla de tratamiento. Los programas de este tipo se han multiplicado más allá de cualquier clasificación en años recientes. En 1965 no existía ningún programa en el país; excepto en Nueva York y California esos programas fueron escasos hasta principios de los años setenta. En la actualidad es rara la comunidad que no tenga acceso a numerosos programas de tratamiento. Estos pueden clasificarse de diversas maneras: por edad o por características de los pacientes, por ejemplo. Cada vez más comunes son los programas para jóvenes, para mujeres o para prisioneros, y para la gente que usa drotas específicas, como heroína, mariguana o cocaína. Los programas modernos también pueden clasificarse según el tipo de internación o basados en hospitales. Los programas residenciales pueden ser intensivos, como en la comunidad terapéutica moderna, o relativamente flexibles, como la casa entre dos ciudades. Los programas también pueden clasificarse según el tipo de tratamiento que ofrecen; por ejemplo, pueden ser libres de drogas, pueden ofrecer desintoxicación médica o abstinencia, o pueden ser programas con meta

 

 

 

 



 

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