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Una peleita, pa’ querernos más, es el coro de una canción típica que hace un tiempo estuvo de moda, que para muchos funciona porque consideran que las mieles del amor son más deliciosas, después de un encuentro o diferencia de criterio.
Pero, ¿Cómo hacer que esta pequeña tormenta no se convierta en una tempestad de insultos y reclamos?.
Aunque hay parejas que afirman que nunca discuten, este es un hecho extraño y aislado, tanto es así que muchos expertos investigan para saber qué entienden por peleas. Hay muchos matrimonios y noviazgos que entienden como discusión los enfrentamientos abiertos y frontales, y como les resultan amenazantes prefieren evitar la confrontación tragándose sus puntos de vistas y deseos.
Pero claro, que uno de los dos se haya abstenido de discutir no significa que no haya habido pelea. En cierta forma quizás sólo la pospuso. Puede suceder, por ejemplo, que al cabo del tiempo quien se tragó las cóleras busque desquitarse haciendo o dejando de hacer ciertas cosas, y al otro no le quede más que sufrir las consecuencias de esto.
DESDE EL PRINCIPIO DE LA HUMANIDAD
Los seres humanos siempre hemos peleado de muchas formas, y casi que hemos llegado a aceptar la belicosidad como algo natural. Habernos "civilizado" simplemente ha servido para regular las peleas de manera que sean distintas de las que se hacían antiguamente.
Un caso muy claro de eso es el boxeo, donde a diferencia de una pelea callejera, dos personas se pelean, pero siguiendo ciertas reglas concretas.
Hay un árbitro que desde el inicio les pide hacer una "pelea justa", se usan guantes para reducir el daño, se protegen dientes y genitales con aparatos, se prohíben ciertas clases de golpes, se limita el tiempo de la pelea, etc.
Pienso que en lugar de evitar toda confrontación, sería mejor que también las parejas desarrollen sus propias reglas para hacer "peleas justas". Tales reglas pueden variar mucho de una pareja a otra, pero creo que hay algunas básicas que mencionaremos a continuación:
No pelear frente a otros. Esto le sucedía a Marissa madre de familia de 32 años, quien discutía frente a sus hijos con su esposo, sin darse cuenta les estaban haciendo daño. "Hasta que no vi las calificaciones de mis hijos y la citación en la escuela para que fuéramos al sicólogo, no comprendí cuán afectados estaban por mis continúas peleas".
No usar lenguaje insultante contra el otro o sus familiares. Este error es un golpe bajo a la relación. Juan de 28 años, cuando peleaba con su mujer Raquel de 25 años, le sacaba a flote a su hermano al que consideraba un vago, motivo por el cual ella se sentía y le decía en represalia que sus hermanas eran unas borrachas, que no servían para nada. Hasta que no vieron tambalear su matrimonio y buscaron ayuda con un sacerdote amigo, que les aconsejó que plantearan sus problemas de manera clara, en el momento justo y con ternura, sin ofensas hacia ellos o hacia los demás, no cambiaron su forma de plantear un problema.
Buscar momentos apropiados para las discusiones. El esperar a que su esposo se relaje cuando llega del trabajo para manifestar algo que no le gusta es la regla de oro que ha usado siempre Carmen de 42 años, que le ha permitido superar todos los obstáculos en sus casi 20 años de matrimonio. "Yo dejo que llegue espero un par de horas y de forma directa llamó a Carlos y le digo lo que no me ha gustado, puntualizó.
Estos consejos funcionan en la mayoría de los casos, de no seguir reglas como estas cada discusión de la pareja podría llegar a convertirse en una vulgar pelea callejera. |