Domingo 20 de enero de 2002

 

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  OPINION

EDITORIAL
El carnaval y los panameños

El panameño común le puso algo de atención a los tristes acontecimientos de la semana pasada, y se puede decir que, como nunca antes, se removió el árbol de la indiferencia, en el que se la ha pasado dormitando durante los últimos años.

Carlos Afú le puso punto final al mito de que los políticos son intocables. Ahora la ciudadanía sabe con certeza lo que antes era sólo rumor, y aunque los nieguen hasta la saciedad, ya nadie le hará pensar a la gente algo distinto. Los corruptos están manejando el país, y mientras una gran mayoría pasa hambre y desempleo, un grupejo de privilegiados hace dinero fácil y vive a sus anchas: ese es el pensamiento generalizado.

Pero, aunque resulte triste decirlo, el interés de la gente por el tema no superará la semana que se inicia. Es muy probable -y ojalá nos equivoquemos- que al final de este mes, el panameño esté más preocupado por calentar los motores para el carnaval, que en cualquier otro tema.

No importa que Carlos Afú esté escondido quién sabe dónde en el territorio nacional, y que por eso haya decidido no hablar en Las Tablas, donde se esperaba que dijera a cambio de qué había dado su voto para ratificar a Winston Spadafora y Alberto Cigarruista como magistrados de la Corte Suprema de Justicia.

El hecho de que se siga insistiendo en quebrar la alcancía para usar indiscriminadamente el Fondo Fiduciario no es un tema que interese para nada.

La ola de crímenes y suicidios que va en aumento no importan, y mucho menos el éxodo sin freno que se registrará en las escuelas privadas, y que promete saturar los colegios públicos en los próximos meses, con la secuela lógica de sobrepeso del sistema educativo.

Así podemos continuar enumerando hechos que han entintado las primeras planas de todos los periódicos nacionales a lo largo de los últimos dos años, y que son considerados por muchos observadores como elementos de tensión entre los panameños.

Pero ninguno de ellos interesa al panameño común. Menos en los próximos días. Todo porque ya viene el carnaval, la fiesta más importante para los istmeños.

Si el Canal abre o no sus compuertas, o si cierran las bananeras y el precio de la gasolina sigue siendo manejado a caprichos de las grandes petroleras, el panameño no reacciona.

¡Pero que a nadie se le ocurra alterar la rutina de los carnavales! ¡Qué no prohíban los culecos o la fiesta y el guaro! La más importante deidad celebra sus patronales: Momo, y nadie permitirá que se altere la festividad.

Y así seguiremos siendo un pueblo que se sienta a esperar que la historia pase, para mirar el espectáculo.

PUNTO CRITICO

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