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La costa del Chocó colombiano es un paraíso perdido. La ciénaga del Río Atrato y las exuberantes selvas del Darién y el Urabá, son los últimos remanentes de la naturaleza.
Empero, detrás de ese velo idílico, se vivie la peor guerra civil no declarada de nuestra América Latina.
Miles de refugiados huyen despavoridos, ante la escalada de violencia entre paramilitares y guerrilleros comunistas colombianos. Esto ocurre a tan sólo kilómetros de la capital panameña.
Mientras los dirigentes de la guerrilla de las FARC hacen negociaciones de paz con el gobierno, los rebeldes apuñalan por la espalda a los regimientos del Ejército en varios frentes.
A principios de la semana pasada, Bogotá y los guerrilleros hicieron despliegue de sus fuerzas, para presionar a las partes en el avance al proceso de negociaciones.
De inmediato, el ejército colombiano hizo gala de su músculo castrense, movilizando tropas a la zona de distensión de 42 mil kilómetros cuadrados, dado a las FARC, en el sur de Colombia.
Por un pelo, miles de colombianos que viven en esa área especial, casi perecen ante lo que pudo ser una gran ofensiva militar de represalias contra la guerrilla marxista.
Los países fronterizos con Colombia, a saber, Brasil, Ecuador, Panamá y Venezuela, temieron que el posible fin del proceso de paz en Colombia, hubiera provocado una marejada de problemas: Movilización de los guerrilleros hacia los límites del país, los paramilitares se dieran a la caza de los rebeldes, además de millones de refugiados cruzando a otras naciones, escapando a la muerte.
Sólo existe una solución: La Paz. Los colombianos deben acordar el fin del conflicto interno y la comunidad internacional debe comprometerse en garantizar ayuda económica a Bogotá para resolver los problemas sociales que agobian a Colombia. |