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  OPINIÓN

REFLEXIONES
Paso libre en Amador

Por: Carlos Christian Sánchez | Asesor Diplomático

Cuando el primero de octubre de 1979 comenzó la vigencia de los otrora tratados Torrijos - Carter, miles de panameños se volcaron a ingresar en las denominadas áreas revertidas de la antigua Zona del Canal. Uno de los puntos más visitados era la Calzada de Fuerte Amador, mejor conocido como "Coastway".

La vista impresionante de la Bahía de Panamá, los crecientes rascacielos de Punta Paitilla, la entrada al canal, el paso de los barcos y el Puente de las Américas durante un atardecer eran un lujo que otros nunca habían tenido, hasta entonces.

De repente, un grupo de empresas comenzó a llegar a la Playita de Amador y apoderarse de las islas de Perico, Flamenco y Naos. El Mirador que daba hacia la ciudad de Panamá y el restaurante de Los Ranchitos desapareció para que un consorcio extranjero adquiriera los terrenos, que antes eran del pueblo panameño.

Por años, pensé que la lucha generacional por lograr la soberanía en el Canal de Panamá y sus tierras adyacentes era un movimiento general, en que todos los nacionales tendríamos iguales derechos de participar en el desarrollo de las áreas revertidas, así como también poder visitarlas, sin impedimentos algunos.

La gota que derramó el vaso fue la construcción de una garita que impedía el acceso a la isla Flamenco, cosa que hizo recordar a muchos los famosos retener militares de los gringos, casualmente a cinco años de la salida de las tropas extranjeras.

Qué poca altura tuvo al principio la Administración de la Autoridad de la Región Interoceánica (ARI), en tratar de justificar esta funesta garita, que impedía a los panameños la visita a ciertos lugares de Fuerte Amador.

Con todo, el clamor popular se hizo sentir y la Junta Directiva de la ARI hizo bien en determinar esta flagrante violación al derecho de circulación de todos los ciudadanos, por ello se ordenó a la administración que tumbara la garita en cuestión.

No es que estemos en contra del desarrollo comercial e industrial de Fuerte Amador. De que proyectos turísticos se abran para hacer aumentar la llegada de visitantes foráneos a nuestra tierra para apreciar la belleza de nuestro país y el canal. Pero el hecho de que los panameños nos encontremos con nuevas barreras que impiden el acceso a lo que se lucho por más de un siglo, resulta muy insultante y descarado.

La propuesta de colocar un sistema de monorriel hacia las islas de Fuerte Amador, para que la gente deje sus autos en los estacionamientos a la entrada del Coastway, resulta una alternativa a desarrollar, siempre y cuando no sea muy cara para el bolsillo de los ciudadanos.

Ojalá podamos seguir observado el amanecer desde las islas de Fuerte Amador, que es un justo derecho de todos.



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