Siempre he dicho que uno aprende algo cada día. Hace poco aprendí que tiene nombre las consecuencias que sufrimos muchos profesores por culpa de lo riesgoso de nuestro trabajo.
Investigaciones hechas por organismos internacionales indicaron que en Panamá una tercera parte de los educadores consultados están lo que llamaron "quemados".
Eso significa que sufren problemas nerviosos, que pueden afectar su conducta de manera negativa.
Salió la investigación en momentos en que ocurrió un lamentable incidente. Un educador disparó contra una persona por un hecho de tránsito.
Realmente a mí me preocupó la investigación. Gracias a ella, he comprendido lo que sufrimos a veces los educadores, debido a conductas de los estudiantes.
Claro que uno tiene que molestarse si se ha pasado horas preparando clases... y luego la Universidad está cerrada por disturbios.
Aunque digan que hay que tener "tolerancia", no es fácil aceptar la situación. Lógicamente aparece un estado de frustración...
Pero el asunto no solamente aparece cuando hay protestas. En la vida día a día pueden darse acciones que contribuyan a "quemarnos" o "tostarnos", como dicen en calle quinta Río Abajo.
Por ejemplo: se reparte material de pocas páginas para un examen en dos semanas. Momentos antes de la prueba verá algunos alumnos irresponsables leyendo rápidamente el material. ¡Ni se atreva a preguntar por qué no lo hicieron antes!
Tiene que provocar humo mental darse cuenta que un trabajo de investigación fue "copiado" de Internet por estudiantes vagos. Ahora, incluso llegan a pagarle a un compañero para que les haga la tarea...
Si estoy "tostado", es por el trauma que sufro cuando me entero que estudiantes de periodismo... ¡no leen ni un periódico al día!
Y sigue afectando mi cerebro las correcciones de ejercicios. Es frecuente que jóvenes no pongan comas, puntos, mayúsculas, etc.
Lo peor del asunto es que usted se los marca en rojo, le dice que revisen el texto y eviten esos errores. Al terminar el semestre... ¡siguen cometiendo el mismo error!
El otro día vi afuera del salón a una alumna que tenía días de no asistir a clases. Salí y se lo señalé. Su excusa fue siempre: "tengo que hacer un trabajo para otro curso".
Quién no se "quema" ante esta desfachatez.
Ver al joven escuchando música en el salón, hablando por celular, y hasta desayunando, tiene que afectar la mente de cualquier docente.