El territorio de Haití, el país más pobre del hemisferio occidental, fue sacudido el pasado martes 12 de enero por un movimiento telúrico de 7 grados en la escala abierta de Ritcher, que dejó más de cien edificios en el suelo, incluso se derrumbó la estructura que alberga al gobierno en la capital Puerto Príncipe.
Ante la tragedia que embarga a los haitianos, la comunidad internacional está acudiendo al llamado de ayuda; pero, como ha ocurrido en otras ocasiones, una vez resarcidos los daños físicos, el silencio caerá sobre la miseria en que se debate el 70 por ciento de la población.
Con 9 millones de habitantes, Haití tiene una historia caracterizada por un sistema esclavista en sus inicios y golpes de estado después, que lo ha convertido en un país subdesarrollado e inestable en los últimos 200 años, desde que Toussaint- Louverture encabezó una rebelión de los negros y murió en una prisión víctima de la conjura colonialista de España y Francia.
El 28 de julio de 1915, los Estados Unidos ocuparon militarmente Haití donde permanecieron hasta 1934, después de sofocar una rebelión que tuvo un saldo de 15 mil muertos.
Desde 1957, por espacio de 30 años, la Isla sufrió la dictadura militar Duvalierista.
En 1990, un sacerdote llamado Jean Bertrand Aristide ganó las elecciones, pero fue derrocado por un golpe militar. Más tarde, miles de balseros haitianos, perseguidos por la dictadura, fueron rechazados al tratar de entrar a los Estados Unidos, que volvieron a invadir el país en 1994, tras la huida de Raúl Cedras refugiado en Panamá.
Cuando los estragos del movimiento telúrico cesen, el olvido caerá nuevamente sobre el pueblo haitiano que se debate en la pobreza, y la comunidad internacional volverá a darle la espalda.