La situación financiera del país está tocando fondo. La deuda pública se aproxima a los 10 mil millones de dólares, algo exagerado para un país con una población superior a los tres millones de habitantes y con una economía que mueve anualmente 14 mil millones de dólares.
Hoy estamos cosechando los frutos del endeudamiento heredado de los anteriores gobiernos, sobre todo los de la época castrense.
Ya se habla del peligro que la economía sufra el "corralito" argentino, cuando quebraron las finanzas de esa nación suramericana y no hubo plata ni para pagar las pensiones de los jubilados y los ahorros del pueblo fueron congelados.
Por años se le dio larga al problema. La deuda antes de 1968 era un poco mayor de los 200 millones de dólares y los militares nos las dejaron en casi 7,000 millones de dólares.
Desde hace casi dos décadas se viene hablando de la necesidad de controlar el endeudamiento y de atender la crisis de la Caja de Seguro Social, pero poco se hizo al respecto. Se adoptaron algunas medidas cosméticas, para maquillar el futuro descalabro.
Aún el propio gobierno que recién se estrena en menos de 100 días de gestión nos endeudó en 1,000 millones de dólares.
Lo que sucede es que los ingresos que logra el gobierno no son suficientes para cubrir los gastos y entonces se recurre al endeudamiento generando así un círculo vicioso.
La situación hace imperante que así como se pretende gravar al sector empresarial y profesional del país, las medidas que adopte el gobierno para ajustar su funcionamiento, se cumplan en verdad y no sean una mera excusa para vender la nueva reforma fiscal.