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  OPINIÓN

CREO SER UN BUEN CIUDADANO
Sin embargo, no miro más a mi mujer cuando cambia físicamente

Redacción | Crítica en Línea

Existía en este mundo un pícaro que, antes de ponerle los ojos a una hembra con intenciones de formalizar algo serio, lo primero que hacía era poner el ojo a la mamá de ésta. Su intención no era precisamente caerle a ambas, sino que quería tener una visión más amplia de los cambios físicos que podía sufrir su mujer, en caso de que formalizaran un matrimonio.

En cierta forma, si se quiere, esta podía ser una buena técnica, pero no era cien por ciento segura por las características genéticas de la persona. Hay señoras muy obesas que tienen hijas esbeltas. Esto rompe la regla.

El caso aquí es que cuando cupido tira la fleja y no hay tiempo para mirar a la mamá, no se puede hacer nada. La pareja se enamora y punto.

Llegan al matrimonio, sigue parte del desarrollo de la mujer, vienen los embarazos, los hijos, la vida del hogar, el ajetreo del trabajo y los problemas cotidianos. Toda esta combinación de elementos trastocan la figura de cualquier mujer. Claro está que la muñeca con que uno se casó no será la misma físicamente después de 15 años.

El hombre, casi por naturaleza, siempre le gusta ver lo tierno o como dijo alguien por ahí: Le gusta ver las flores del otro jardín.

Si usted es de estos hombres que deja de mirar a su esposa, debe reconquistar el amor porque, si se mira en el espejo, usted podrá notar que no es el mismo flaco de hace 10 años. La barriga lo delata.

La esposa debe ser la flor más linda de nuestro jardín. No hay rechazar los cambios. Sólo imagínese que los hombres cargáramos con el embarazo nueve meses, ¿qué pasaría con nuestro cuerpo?

El cambio físico en el cuerpo de cualquier ser humano es lo más irrelevante. Cuando uno se enamoró fue de la manera de ser de la persona, de su espíritu o de su alma. ¿Por qué cambiar ahora? Oiga, amigo, déjese de esa vaina y ame a su pareja para siempre. Sólo recuerde que esa mujer es su ayuda idónea. Es la madre de sus hijos y la persona que lo acompañará el resto de sus días en este mundo. Los hijos crecen y se van, pero nuestras compañeras quedan hasta la muerte.



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