Le grité al Policía: "esta es la Patria Nueva.... ¡Un tranque nuevo!". A la vez tocaba la bocina de mi auto con el estribillo que tanto molestó a los de las Fuerzas de Defensa norieguista: "El que no brinca es sapo", sonaba el pito de mi vehículo, dejando escapar así la angustia y disgusto que tenía el viernes tres de diciembre pasado.
Había salido a las ocho para un recorrido de veinticinco minutos y ya llevaba el doble y no avanzaba.
Nadie sabía qué sucedía. Pensé a lo mejor los "talibanes de la Universidad habían cerrado las calles, protestando por el posible aumento de la edad de jubilación para salvar al Seguro Social".
También le eché la culpa de "la madre de todos los tranques" a los choferes, quienes están disgustados porque les quieren hacer el tren ligero para acabar con el desorden de los Diablos Rojos.
Pero estaba equivocado. Todo se debía a que el gobierno había dispuesto hacer una marcha en el Día del Discapacitado.
Ese desfile tenía un propósito positivo, sin lugar a dudas. Pero quienes lo organizaron, fallaron. No pensaron en el colapso que causarían al tránsito en la Vía España, a las ocho de la mañana, cuando hay mucha circulación.
Sencillamente como dicen en Pueblo Nuevo, "lo que hicieron con las manos lo destruyeron con los pies".
Porque los miles de conductores que sufrimos por ese tranque, no podemos tener pensamientos positivos hacia la causa de los discapacitados.
Es más, ni me interesó ver a personas llenas de vida en sillas de ruedas, porque temía que alguien chocara mi vehículo o que yo estropeara algunos.
Tenía que poner un examen final en la Universidad y eso me causaba angustia y rabia. Por primera vez en treinta y dos años de ser profesor, llegué tarde al examen, por culpa de la mala organización del desfile.
Allí vi a una estudiante llorosa porque un profesor no le permitió hacer su examen... ¡por llegar tarde por culpa del tranque!
¿Es que los panameños no podemos hacer ni siquiera bien un desfile en honor a nuestros discapacitados?
En el colmo de la desesperación, le grité a un policía que "eran una partida de inútiles". Suerte que no me escuchó porque seguro me "retiene" por atrevido (o decir lo que sentía). Gracias a que me envió por un atajo logré dejar el maremagnum del tranque. Ojalá la Patria Nueva no siga haciendo esas cosas.