Un contingente de seguridad se mantiene en movimiento desde el pasado fin de semana en la ciudad capital, a raíz de las fuertes lluvias registradas en las provincias de Bocas del Toro y Chiriquí.
Panamá, cintura geográfica bañada por dos mares, fue azotada fuertemente el año pasado con las inclemencias de la naturaleza en esta capital, causando estragos fatales en dieciséis vidas humanas y dejando cuantioso número de damnificados.
En esta ocasión, a pocos días de haberse registrado la tragedia en Asia, también por la inclemencia de la naturaleza, Panamá vuelve a ser blanco de los desastres naturales.
Las intensas lluvias en la zona caribeña entre Panamá y Costa Rica, ya ha cobrado la vida de dos personas y los damnificados superaban -hasta el martes- los siete mil.
Ese mismo día -martes, en horas de la noche-, se rumoraba la posibilidad de declarar a Bocas del Toro como zona de emergencia.
Hacia allí se movilizaron los héroes anónimos de la Cruz Roja, para apoyar la labor que realizaba el SINAPROC en el área, desde el pasado fin de semana.
En Bocas del Toro, desde la noche del domingo se alertó de lo grave de la situación, movilizándose al área personal de SINAPROC y la Cruz Roja Panameña.
Los ríos Sixaola, Changuinola, Teribe se han desbordado afectando a decenas de comunidades indígenas, cuyas viviendas son frágiles.
El martes en la noche, altos dirigentes de la Cruz Roja mantenía a sus dirigentes en estado de alerta para el traslado a la región bocatoreña.
El desastre también se ha hecho sentir en Costa Rica, dejando hasta el martes, dos muertos a causa de las inundaciones, más de 7,380 damnificados, y más de cinco personas desaparecidas.