En sentido figurado cuando alguien tropieza con un objeto, sea éste una piedra o no, pierde el equilibrio e, inclusive, puede llegar a caer al suelo. El verbo caer implica dos cosas: Una estar en lo alto y llegar a lo más bajo. El otro punto es levantarse de donde se cayó.
En el corazón de muchos panameños Dios está oculto en una esquina. Todos saben que deben tenerlo presente, pero nadie quiere obsequiarle el lugar preponderante que Él se merece, por eso cuando cambian y reciben a Cristo como su Salvador las cosas toman otro rumbo.
A lo que antes llamaban bueno, ahora saben que de bueno no tenía nada.
Las amistades del convertido van notando cambios positivos que apluden con valentía, pero -al transcurrir los años- el creyente se va enfriando y cambia de actitud. Hace cosas que sus amistades no estaban acostumbrados a ver y es aquí cuando se convierten en "piedra de tropiezo".
Cualquier creyente es considerado como piedra de tropiezo, cuando comete cualquier pecado que es público y notorio a otras personas.
El apóstol Pablo procuró tener siempre un buen testimonio ante la gente que le rodeaba, justamente para no ser tropiezo para ellos.
2ª Corintios 6:3 dice: "No damos a nadie ninguna ocasión de tropiezo, para que nuestro ministerio no sea vituperado"
Pablo evitó hacer cosas contrarias a lo que Dios dice en su palabra, para no dar a nadie ninguna ocasión de tropiezo. De esta manera nadie tenía motivos para vituperar o hablar mal o denigrar el ministerio de Pablo.
Igual es con el creyente, debe tener un buen testimonio entre sus conocidos y entre los desconocidos para que nadie tenga motivo para vituperar o hablar mal del nombre de Cristo. El pecado, cualquiera que sea, pero principalmente el pecado cometido ante otras personas, no solo atenta contra la santidad de Dios y trae serias consecuencias al que lo comete, sino que también afecta a las personas que son testigos de ese pecado y más directamente a las personas incrédulas. Por el bien suyo y el de todos, cuida tu testimonio hermano.