Indonesia pidió a los militares extranjeros que abandonen pronto el país y limitó el trabajo de las organizaciones que ayudan a las víctimas del maremoto, mientras los países ricos se disponían a concederle en París una moratoria de su deuda.
El vicepresidente Yusuf Kalla declaró que los militares extranjeros deberán retirarse lo antes posible de Aceh, una región devastada por el tsunami del 26 de diciembre.
"Tres meses es suficiente. En realidad, lo mejor sería que se fueran lo antes posible", agregó.
Las afirmaciones de Yusuf Kalla ponen en evidencia un aparente vuelco del gobierno indonesio, que después de la tragedia no tuvo más alternativa que abrir las puertas de Aceh a los militares y organizaciones foráneas.
Pero su presencia en el territorio indonesio es una cuestión delicada en la nación musulmana más poblada del mundo, que tradicionalmente ha mantenido alejados a los militares extranjeros, sobre todo norteamericanos y australianos.
El Movimiento Aceh Libre (MAL) lleva a cabo una rebelión independentista desde 1976 en la provincia de Aceh, que desde hace años está cerrada a las organizaciones extranjeras.
Este conflicto separatista justifica las restricciones a la libertad de movimientos de los trabajadores humanitarios, anunciadas el martes por el ejército indonesio.