VARIEDADES

VISITAR PANAMÁ PUEDE SER UNA ODISEA
Un turista en aprietos

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Redacción
Crítica en Línea

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Llegó el centenario y el Miss Universo está a la vuelta de la esquina. Muchos nos visitarán. Pero ¿los ayudaremos a encontrar la salida de este laberinto citadino.

Para un turista desprevenido, la ciudad de Panamá puede resultar un verdadero laberinto; las calles sin nombres, sin aceras, ni carteles indicadores; los tranques repetidos y los choques a cada paso, convierten el paseo de un visitante en una auténtica odisea. Salir airoso de ella depende en partes iguales de la buena fortuna y de la amabilidad y solidaridad de los panameños a los que se acude para pedir ayuda, que afortunadamente siguen siendo mayoría en este país.

Por supuesto que hay excepciones y el mejor lugar para comprobarlo es dentro de un taxi. Los taxistas se convierten en el primer contacto con Panamá desde que un extranjero baja del avión y son, en muchos casos, el salvavidas obligatorio de quien se sumerge en el caos del tránsito y pretende llegar a su destino, sin morir en el intento.

Claro que desde el momento en que uno sube al taxi empieza otra aventura, porque puede tener la buena fortuna de dar con un panameño diligente y servicial que no sólo lo conduce directamente al sitio que uno busca sino que además lo ilustra sobre algunas costumbres pueblerinas. O bien tener la desdicha de chocar con un vulgar estafador que apenas escucha una tonada extranjera se le llenan los ojos de signos $$$ y lo hace dar tantas vueltas innecesarias como hagan falta para justificar un viaje de 5 o diez balboas.

Por suerte, por cada uno de estos hay diez de los buenos, y el turista lo comprueba a diario a medida que va adentrándose en las costumbres del país.

Lo que también aprende rápidamente es a descartar de plano la idea de subirse, por necesidad o por aventura a un colorido y atrayente bus, porque toda la magia de esta experiencia exótica se pierde en la primera maniobra violenta del chofer de un “Diablo rojo” que le pone a uno los pelos de punta, y eso sin contar con los descontrolados gritos del “pavo” que asustan a cualquiera que no esté acostumbrado a escucharlos.

BUENA DISPOSICIÓN

Por suerte, el mejor guía para el turista sigue siendo el ciudadano común. Basta pararse en un lugar público y acercarse a alguien para preguntarle una dirección para comprobar la buena voluntad y la excelente disposición con que muchos de ellos intentan ayudar. El problema es que no siempre lo logran. La estructura de la ciudad, la falta de nombres de las arterias o el poco uso que se hace de ellos, son a veces un enemigo invencible.

“¿Cómo le explico?”, se pregunta el más diligente de los panameños cuando un extranjero les pregunta por una dirección. Y con las manos en jarra intenta encontrar las palabras que desentrañen tan difícil consigna. Es que con tantas arterias sin nombre, con tantas calles sin salida y con tan pocos carteles indicadores, explicar el camino correcto para salir del laberinto se vuelve una misión imposible.

Los más generosos, con auténtico altruismo y encomiable generosidad, se ofrecen para guiarlo con su vehículo, aún saliéndose del propio rumbo con tal de hacer su obra buena del día.

Con el tiempo, uno aprende que si va a movilizarse en taxi tiene que tomar como puntos de referencia algunos comercios conocidos o edificios públicos que queden cerca de su destino. Y si va a moverse en su propio vehículo, tendrá que conseguirse un buen mapa y armarse de paciencia y habilidad para conducir con un ojo puesto en el tránsito y el otro en el paisaje, de modo de encontrar a tiempo el punto de referencia justo que lo conduce a su hotel o a su apartamento. Si se pasó de largo, empieza otra historia, muy difícil de contar en una sola nota porque el tránsito vehicular y los códigos de manejo de esta ciudad forman parte de una materia que el que viene por un tiempo a Panamá demorará bastante en aprobar.

SOLUCIONES

Dotar a la ciudad de señalizaciones apropiadas; acostumbrar a la gente a utilizar el nombre de las calles; buscar soluciones inteligentes para el desorden del tránsito; instruir a los policías para que no miren a los turistas como delincuentes en potencia y cumplan mejor su misión de servidores públicos; colocar en puntos estratégicos carteles indicadores que ubiquen a los extranjeros en los principales puntos de referencia de la ciudad, ayudará a que los miles de turistas que visitan año a año Panamá y que todavía son pocos para justificar las bellezas naturales que encierra este país, se sientan más acogidos. La solidaridad y amabilidad de los buenos panameños harán el resto.

Para un turista en apuros, las alternativas que el Estado tiene previstas no son suficientes o por lo menos no están al alcance de quienes realmente las necesita. La asistencia debería estar mucho mejor organizada, para que el visitante no se vea en la obligación de recorrer oficinas administrativas en una ciudad que desconoce en busca del asesoramiento más adecuado sobre los lugares donde puede alojarse, cómo llegar a ellos y a quien acudir en busca de ayuda.

Instrumentar estos mecanismos poniéndolos con facilidad y diligencia al alcance del visitante ayudará a que la primera impresión del que llega a Panamá sea mucho mas positiva. Asegurando esto, los turistas vendrán tantas veces puedan a disfrutar de los paradisíacos lugares que encuentra en este hermoso país.

 

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