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Escribiendo “de todo un poco”, debo decir que me impresionó ver muchos policías en las calles, el veinticinco de diciembre, día de Navidad. Creo que así se pudo evitar algunas situaciones negativas, durante y luego de las fiestas navideñas. Ya ven, con un poco de inteligencia y disposición se hacen las cosas bien, para beneficio de la comunidad panameña (que paga los sueldos de la Policía).
Pero lo que no me gustó fue leer una noticia donde se señalaba el pobre rendimiento de la Asamblea Nacional.
Claro que todo el mundo sabe que la Asamblea no es un ejemplo de eficiencia... y sus miembros tienen mala percepción por parte de muchos panameños.
Las cifras que leí me confirmaron todo lo malo que uno puede pensar de los “honorables”. Figúrense: en este período que está controlado por un gobierno arnulfista, se presentaron ciento setenta y cinco proyectos de nuevas leyes.
Solamente fueron aprobadas veintiséis, de los cuales diez recibieron la “sanción” de la Presidenta (o sea que están vigentes).
Para mí, esto es una pobre labor de la Asamblea, entidad que le cuesta muchos millones a este sufrido pueblo (y que tiene decenas de “honorables” disfrutando de privilegios inmerecidos).
Uno de mis lectores, hombre maduro, me detuvo en un supermercado y dijo algo que es cierto: “¿Por qué hablan tan mal de los jóvenes, si los dueños de negocios de licor y música son todos adultos?”.
Claro. Los adultos son quienes manipulan a los jóvenes para que caigan en las garras de los vicios y la vida loca... ¡todo por negocio!
Es chocante saber que las nuevas reformas a la ley electoral dan a los partidos políticos prebendas, que paga todo el pueblo que en muchos casos no cree en ellos.
Si quieren hacer política para llegar al poder -y llenarse los bolsillos-, que lo hagan con su propio dinero y no con millones del pueblo (que pueden invertirse en salud, educación y nutrición).
Alguien me advirtió sobre los nuevos servicios de la telefonía. Algunos no son gratis, o solamente por unas semanas. Luego Ud. tendrá que pagar extra.
A propósito de teléfonos, me enteré que cuando estaba en manos del INTEL le daba al Ejecutivo unos cientos treinta millones al año.
Pero el “Toro” privatizó la institución con el cuento que eso beneficiaría al pueblo. Ahora en cinco años, solamente el Estado ha recibido treinta millones por los teléfonos.
Yo no sé si soy bruto, pero no creo que la privatización fue un buen negocio para el pueblo panameño, que tiene que pagar más plata por un servicio igual a cuando era institución gubernamental. (¡Gracias, señor Toro”).
La gente cree que los panameños no podemos mantener en buen estado los bienes revertidos. El otro día la señora Lastenia de Wonchong, administradora del Cementerio de Corozal, me mostró fotos de “antes y después”. Realmente este camposanto está bien arreglado, con muchas plantas y flores, “mejor que antes”, como me confesó su orgullosa administradora.
(Ya computarizaron los registros de tumbas en la capital). |