NACIONALES


Habla un alcohólico

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Aet Elisa Tejera C.
Crítica en Línea

"¡Lárgate!... eso fue lo último que escuche de mi esposa, cuando salí de mi casa con un calzoncillo dentro de un cartucho de basura, debajo del brazo...

Mis "amigos de chupata" me preguntaron, ¿Ese es tu equipaje? y dije con una borrachera de tres pisos, eso es lo único que me queda..." relató Alfonso un miembro de Alcohólicos Anónimos.

Luego de todas esas malas experiencias Alfonso comentó que buscó ayuda en esta asociación. "Un día llegue a este pequeño recinto, en donde la regla número uno es que hombres y mujeres compartimos nuestras experiencias, fortalezas y esperanzas para resolver el problema común que nos une y ayudar a otros a recuperarse del alcoholismo ", dijo Alfonso.

Explicó que para ser miembros de esta asociación no se paga matricula, nada en dinero. El único requisito para pertenecer a esta comunidad, es que la persona sienta el deseo de dejar la bebida.

En un circulo en donde todos escuchaban sus testimonios, Oscar, el cual obviaremos su apellido porque ante el mundo son anónimos, comentaba que a las seis de la mañana, lo primero que le caía a su estomago eran dos manga largas y como a las diez de la mañana, entonces se preocupaba por la taza de café...

Suena, la campana y le toca el turno a Miguel. "Compañeros, quiero decirles que yo pensaba que era el centro de todo. Egoísta, mal hablado, manipulador, resentido, arrogante.

En un momento de mi vida me creía superior a los demás, me aumentaba las cualidades y me disminuía los defectos, "pobre triste ser,... era yo". Quizás hubiera muerto engañado, diciéndome mentiras a mi mismo, pues no me aceptaba tal como era, hay un mundo de diferencias entre lo que creemos ser a como somos en realidad, ¡Como nos engañamos muchas veces, viviendo encerrados en ese círculo vicioso que no tiene fin!

Al llegar derrotado a Alcohólicos Anónimos, se me dijo que el programa era de sugerencia, que lo tomara con calma, lo hiciera por cada 24 horas. Además se me explicó que el alcoholismo era una enfermedad y que todo dependía de aceptar mi problema con el alcohol y mi vida cambiaría.

Desde entonces, acudo todos los días a las 6 de la tarde a la reunión de la comunidad de A.A.; ahora me acepto tal como soy, no tengo dinero, pero estoy vivo. No recuperé todo lo que perdí, pero ahora disfrutó la armonía buscando la sobriedad. A veces, hay momentos difíciles en el diario vivir... ya no recurro a la botella", narró muy optimista Miguel.

 

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