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INFORME ESPECIAL
Panamá, un país de borrachines

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Eliécer Navarro
Crítica en Línea

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Cuadros de este tipo se ven en cada esquina a consecuencia del licor.

¿Qué tanto beben los panameños?¿Y con qué frecuencia lo hacen? Si tomamos las estadísticas del Ministerio de Salud de que el 50% de los casos atendidos en cuartos de urgencias están vinculados a problemas relacionados con el uso y abuso del alcohol, sabremos que la respuesta es: mucho y muy seguido.

Existen cuatro categorías de bebedores. Primero está el abstemio, que nunca toma alcohol porque le desagrada, no le gusta o no le place. En segundo lugar, está el bebedor social, que consume muy ocasionalmente, y sólo en situaciones especiales. El bebedor social por lo general no pasa del tercer trago, y en rara ocasión llega a la ebriedad.

Le sigue el bebedor excesivo, quien no necesita de ningún evento en particular para comenzar a beber, actividad que realiza por lo menos una o dos veces a la semana. Y en último lugar se encuentra el alcohólico, que ha alcanzado un nivel de adicción.

El alcoholismo o adicción al alcohol se define como la enfermedad en la que una persona pierde la capacidad de detenerse una vez ha comenzado a beber.

Según el Psiquiatra Miguel Cedeño Tello, especialista en adicciones de Ministerio de Salud, el tipo de bebedor más característico en Panamá es el excesivo. De hecho, un 80% de la población adulta se encuentra en alguna de las tres últimas categorías de bebedores, de acuerdo con estudios de la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (CICAD).

Pero en los últimos años, estudios adicionales han lanzado evidencias alarmantes sobre las edades en que el panameño comienza a consumir alcohol.

Un proyecto de investigación realizado en cuartos de urgencia por la Comisión Nacional para el Estudio y Prevención de los Delitos Relacionados con Drogas (CONAPRED) destaca que la edad promedio en que las personas están comenzando a consumir alcohol es a los 15 años, y en casos excepcionales, a edades menores de los 10 años.

Este estudio revela que en el 60% de los casos, el alcohol es la droga de introducción hacia drogas ilegales y más fuertes.

Estadísticas de la Coalición Panamá por una Comunidad Libre de Drogas recogidas entre estudiantes de primer ciclo de secundaria indican que el 41.7% (más de 4 de cada 10 niños) había consumido alcohol alguna vez en su vida.

¿POR QUÉ BEBEMOS TANTO?

Según explica Cedeño, toda droga, incluyendo el alcohol, se usa para obtener una sensación de bienestar, aceptación, o para calmar un dolor, ya sea físico o emocional.

"La gente cree que el alcohol es un estimulante, pero en realidad es todo lo contrario: un depresor del sistema nervioso central, explica. "Lo que sucede es que al principio produce un efecto desinhibidor".

Este efecto desinhibidor se manifiesta en que el individuo alcoholizado es capaz de tener una participación social más allá de lo que se atrevería estando sobrio.

Los factores culturales, genéticos y sociales también empujan al individuo al consumo de licor. "Yo he observado que entre la gente que trabaja siempre se ejerce una presión sobre los que no toman", comenta el Psiquiatra. "Eso es presión de grupo".

Por otro lado, se ha demostrado que el componente genético es determinante. "Se calcula que un 25% de los hijos de padres alcohólicos heredan esta condición, porque ya traen el alcoholismo dentro de su componente biológico", destaca.

 

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