Saludos amigos y amigas, bienvenidos al viernes de cucarachas, después de haber estado anoche, en el estadio Justino Salinas que empieza a ponerse incomodo, para la afición que despierta en el béisbol, en todo el país.
Pareciera que estamos viviendo el mejor momento de la pelota, con los estadios copados, y el juvenil que ha dejado de ser una carga, para convertirse en una minita de oro.
Vamos al grueso del menú, pues ayer conversamos con el amigo Diomedes Robles del restaurante La Cucharita, donde se habla de béisbol todo el día, y se come rico, al mejor estilo de la comida criolla coclesana.
Según cuenta Robles, el béisbol ha sido una pasión para el panameño desde hace mucho tiempo. "Es falso eso de que no hay cuadros, el que quiere jugar, hace su propio campo", decía mientras recordaba aquellos años de juventud en las llanuras coclesanas. "Nosotros, mis hermanos y yo, agarramos un machete cada uno y limpiamos un monte, lo dejamos pelado. No había quedado una solo yerbita.. y luego lo marcamos con ceniza, quedaba especial para jugar a la pelota".
El hoy empresario fue de aquellos birriosos del béisbol. Un pequeño de tan sólo 8 ó 9 años, adoptaba la tradición de sus hermanos mayores y en cada veranos hacían su propio campo de los sueños.
"Salíamos a jugar a eso de las 7: 00 de la mañana, y nos íbamos todos al campo de juegos. Allí nos raspamos la vida, corrimos, bateamos.. y sabes algo, nuestra mamá nos buscaba a eso de las 5: 00 p.m. con palo en mano", relataba.
El béisbol es la pasión del panameño y en muchos sectores del país hay otros Diomedes Robles que recuerdan cada mañana, cuando salían a jugar en terrenos improvisados.
"Ahora hay que darles un buen terreno, llevarles jugos, comida y hasta enfermeros", agregaba. "Mira José, te voy a decir algo. Cuando terminábamos de jugar llegábamos a la casa buscando mercurio (sustancia para poner en las heridas), mamá decía que nos parecíamos a Cristo, llenos de llagas. Pero era lo que nos gustaba, y por el béisbol hicimos todo".
Así es la pelota en Panamá. El amor es grande, los que la conocen, no la quieren dejar. Hoy con mucha energía: ¡Viva el béisbol!
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