El producto parece ser más popular usándolo donde no hay dientes en lugar de dónde sí los hay. Hablar de hilo dental en la cultura istmeña se ha convertido en parte del lenguaje del verano. Es como hablar de playa o río, en fin, se relaciona más con vestidos de baño que con un elemento para el cuidado de los dientes.
Los panameños nos creemos el cuento que dice que con una cepillada basta, cosa que no es así. En los espacios interdentales, si no usamos estas herramientas, damos espacio para que millones de micro bacterias se alojen y destruyan nuestras dentaduras.
Lo peor del caso es que, después de cada comida, muchos reemplazan el uso de hilos dentales por palillos de diente, una especie de apoyo para sacar ese pedazo de carne que no se puede sacar con la lengua o con la uña del dedo pulgar.
Los especialistas en esta materia han sido muy claro en el uso del hilo dental. Ellos consideran que es un método que sirve para eliminar la placa de las caras proximales, que son las caras de los dientes que se tocan y que junto a la encía, conforman los espacios interdentarios.
Hay diversos tipos y formas, una de estos es el hilo dental de sección redonda, a su vez puede ser con cera o sin cera. Se dice que el encerado cuesta menos de penetrar en los espacios interdentales. Hay fabricantes que los hacen mentolados e incluso con impregnación de flúor, para que quede depositado en el diente.
La cinta dental, es de sección rectangular, cuesta más de entrar en algunos espacios interdentales, pero tiene la ventaja que aumenta la superficie de frotamiento y por ello elimina más placa bacteriana.
La cinta con nylon o espuma (Floss), tiene una parte inicial dura sin nylon, que sirve para introducirlo en el espacio interdentario. Eliminan mucha placa y está muy indicado para limpiar prótesis fijas e implantes. Al ser de mayor tamaño que las anteriores, cuando los espacios son muy pequeños no entra y recurrimos a las anteriores.
La próxima vez que su odontólogo le pregunte si usted usa, dígale que sí, pero el verdadero hilo dental.