|
La familia estaba preparada como para una foto. Jerry Wood, de Tampa, Florida, sostenía a su hijito Glendon de tres años. Peggy, la madre, sostenía a Jennifer, la niñita de cuatro. En medio de ambos, el bebé recién nacido, y ambos esposos estaban abrazados.
Era una tierna escena familiar. Pero no se estaban fotografiando. Los estaban enterrando. Un individuo los había asesinado a sangre fría. Había sido una familia tan joven, tan amorosa y tan unida, que los familiares decidieron enterrarlos a todos juntos, en una fosa común. De esa tragedia familiar puede decirse debidamente que era "una familia unida por la eternidad".
No podremos explicarnos nunca, por lo menos de esta parte de la eternidad, por qué tienen que ocurrir cosas así. ¿Qué motivos tenía el asesino para matar a una familia amorosa que nada le había hecho? Nadie puede conocer las profundidades del corazón humano.
Pero aunque fueron injustamente asesinados, Jerry y Peggy Wood habían cumplido su cometido en la vida. Se habían enamorado con pureza, se habían casado con fidelidad, habían establecido un hogar, habían procreado tres hijos, y habían dejado un ejemplo y un perfume.
No es necesario vivir ochenta años para cumplir el cometido de Dios. Con sólo cinco años de matrimonio Jerry y Peggy mostraron cómo es posible ser feliz, muy feliz, en la vida de casados.
¿Es feliz nuestro matrimonio? ¿Hay paz, amor, cariño y comprensión entre nosotros y nuestro cónyuge? Dios lo quiere así. Por eso todo matrimonio comienza con esos ideales. Son los ideales plantados en el corazón del uno y del otro desde que el noviazgo comienza. Lo que ocurre después -las desavenencias, los insultos, y peor, las infidelidades-, no son parte del plan original.
Hay muchas parejas que necesitan regresar a esos ideales puros con que comenzaron. Si toman esa determinación, Dios mismo les dará su respaldo. Basta con que le den a Él la oportunidad para que encuentren la victoria. |