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La propuesta del presidente de EEUU, George W. Bush, para flexibilizar la migración y permitir que unos 12 millones de ilegales latinos trabajen en dicha nación, ha generado encontradas opiniones, algunas de las cuales son consideradas "racistas".
Bill O'Reilly, extremista radical que tiene un programa en Fox News, tildó de política y muy benévola la oferta electoral de Bush, indicando que los latinos ilegales son una carga para los contribuyentes estadounidenses.
"Que se regresen a su país. Que los mexicanos lo resuelvan, es su problema", decía el comentarista.
Igual que O'Reilly, hay demócratas y republicanos que consideran a los 33 millones de latinos que viven en EEUU como "gente de segunda clase".
Los gringos extremistas no recuerdan que hace 200 años, Estados Unidos fue fundada por inmigrantes, se consolidó por los extranjeros y se convirtió en superpotencia gracias al trabajo y sudor de los foráneos.
Aunque limitada, la alternativa de otorgar de tres a seis años un permiso laboral para legalizar luego al trabajador latino merece nuestro aplauso, pues genera nuevas esperanzas para que millones de ilegales tengan una estabilidad económica y social en la Unión Americana. |