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EDITORIAL
La Patria
Fue Gil Blas Tejeira quien dijo que la patria no es grande por la expansión de su territorio ni por sus numerosos ciudadanos o súbditos, sino "por la conciencia que de ella tienen los hombres que la constituyen". Y dijo más: "Morir por la patria es heroico y plausible. Vivir para la patria requiere un más ahincado esfuerzo".
Creía este ilustre periodista y diplomático panameño en un valor sencillo: el patriotismo. Pero no el patriotismo entendido como aquella explosión coyuntural que lleva a muchos a las armas cuando ven que el país que les vio nacer peligra, "de crisis", le llamó Gil Blas, sino aquel fervor que es necesario cuando es más útil: en nuestros actos comunes de todos los días.
Es entonces cuando hacer patria adquiere un significado profundo, pero a la vez humilde y fácil. Levantarse temprano a trabajar; llegar puntual a toda cita; ser honesto hasta en los más pequeños detalles; decir la verdad; jugar con los hijos; ser fiel; cumplir sin demoras ni excusas con la labor encomendada... estudiar.
Todo eso es la patria para quien la ha entendido en su justa dimensión. No es aquella entidad abstracta que inflama un fanático civismo ni aguerrido empuje contra los "enemigos extranjeros". Hasta el más malévolo de los delincuentes es capaz de tomar las armas para defender la nación humillada. Pero hace falta un ciudadano maduro y centrado, capaz y solidario, para defender a la patria verdadera, la de todos los días, la que se construye con el trabajo serio y la conciencia de todos sus ciudadanos.
¿De qué le sirve a un país un ejército de gentes dispuestas a morir por defenderlo, si no las tiene dispuestas para vivir decentemente en su favor?
La patria es, entonces, más que la tierra donde pisamos, mucho más que los recursos con que contamos para sobrevivir y competir en el agitado mundo de hoy; y mucho más que los símbolos como la bandera, el himno y el escudo. Es mucho más que cosas. La patria es un motivo. Es la razón por la que salimos a la calle todos los días, y procuramos cumplir bien nuestro papel. Es lo que evita que destruyamos los bienes comunitarios y, por el contrario, nos reunamos en el vecindario para organizarnos en pos de metas comunes.
La patria es una familia sana, un barrio sin drogadictos ni antisociales destructivos, una ciudad limpia y ordenada, y un país sin pobres ni niños desnutridos y en la calle.
El buen estudiante, el trabajador incansable, el buen padre de familia, el profesional honesto, la ama de casa hacendosa y bien intencionada: todos ellos son patriotas, y le dan contenido, sentido y orientación a ese pedazo de tierra con un canal en medio que todos llamamos patria.
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PUNTO CRITICO |
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