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EDITORIAL
La información tributaria
Los designados por el Ejecutivo para integrar la comisión negociadora del nuevo tratado de intercambio de información tributaria con los Estados Unidos, lo primero que hicieron fue esconderse. Los periodistas, como de costumbre, salieron en estampida a buscarlos para conocer sus criterios y estrategias de negociación, pero no se dejaron ver.
Son ellos: Guillermo Ford, embajador de Panamá en Washington; Edison Gnazzo, asesor del ministro Norberto Delgado; Carlos Cordero, ex canciller; Eloy Alfaro, especialista en derecho internacional y Luis Navarro, por el sector bancario. Por lo visto, la estrategia es la misma que a lo largo de nuestra historia republicana han tenido los negociadores panameños, cuando se juega la soberanía istmeña frente a los Estados Unidos: silencio en el patio.
Quienes sí soltaron los mastines fueron las grandes firmas de abogados, que deben la mayor parte de sus ingresos profesionales al trabajo que hacen para empresas que podrían verse afectadas negativamente si este tipo de tratado de información tributaria, entra a regir entre Panamá y Estados Unidos.
Las preguntas que surgen son: ¿De dónde salió esta idea? ¿Es una imposición de Estados Unidos? ¿Qué gana Panamá ayudando a Estados Unidos a descubrir gente que evade impuestos allá y "esconde" su dinero en el sistema panameño? ¿Esto se venía gestando hace tiempo, o surgió de pronto? ¿Por qué sueltan el tema precisamente ahora?
Entendamos que compañías que hacen dinero fuera del territorio gringo, algunas establecidas aquí de una u otra manera (franquicias, por ejemplo) no siempre pagan sus impuestos a Estados Unidos por esas ganancias. Con este tipo de tratados, quedarían al descubierto.
En Panamá rige el principio de tributación territorial, es decir, que sólo se paga el impuesto (bastante reducido, y a veces con cómodas moratorias y prórrogas) respecto al dinero que se hace aquí. Si traes dinero ganado en otros países, no pagas impuesto. Así de simple. Eso nos ha convertido en un paraíso. Mucho más, si suma el famoso "secreto bancario" que permite el anonimato al dueño de las cuentas.
Hay quienes ven un peligro en esa idea de abrir los libros, e intercambiar información con Estados Unidos. Es un sacrificio muy grande que no vale la pena, porque Panamá no ganaría nada a cambio.
¿Qué tal si pedimos que a cambio de esa información nos limpien las bases que dejaron contaminadas con armas químicas?
Entonces todo el asunto tendría sentido. Pero hacerlo de gratis es considerado por algunos una franca tontería.
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PUNTO CRITICO |
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