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El desmoronamiento económico de la Argentina, otrora potencia emblemática de la globalización en la América Latina, representa un buen ejemplo del fracaso de aquella política de dejar todas las responsabilidades en manos del sector privado. También la caída en desgracia del país sudamericano, es fiel reflejo de una mala administración pública, en donde privó la politiquería y el interés de vender la nación al mejor postor, eso es, las grandes transnacionales norteamericanas y europeas.
Como la peste que se extiende lentamente, el desastre financiero en Argentina parece generar nuevas secuelas próximamente en otros países. Panamá estará en primera fila. Cerca de 250 mil panameños no tienen empleo. Casi medio millón tienen un trabajo informal y más de un millón de personas viven en la extrema pobreza. El gobierno de turno no ha generado alternativas de solución a los problemas económicos que vive la nación. Los empresarios, aprovechándose de la situación, argumentan no tener fondos para superar la crisis y botan a los trabajadores. La especulación es tal, que desde enero de este año, otros miles de panameños se sumarán al ejército de desocupados.
En un país en donde no hay respeto al gobierno, en donde hay un Parlamento opositor y los medios de comunicación son contrarios a la actual administración estatal, es evidente que hay signos de inestabilidad. Esto es muy peligroso. Los grupos de presión sociales se están organizando y los partidos políticos han bajando su militancia representativa en la defensa de las causas populares.
Panamá no tiene ejército, posee una malograda fuerza policial que apenas puede controlar a las multitudes. El SPI y demás entidades de protección institucional nunca podrían controlar una revuelta popular en este país. Desde el 31 de diciembre de 1999, el factor intervencionista directo, las fuerzas armadas de Estados Unidos, se fueron de Panamá, por lo que la oligarquía afincada en el gobierno no tiene chance de llamar al apoyo extranjero para salvar su pellejo. Entonces, ¿Cómo no podemos decir que estamos al borde de una crisis gubernamental?
Para evitar lo antes expuesto, la solución es que el Estado Panameño mantenga una posición coherente frente a su política económica y social. No puede ser que cada año, más de 500 millones de balboas se vayan a pagar en la deuda externa. Debemos acabar con la política de buscar préstamos que condicionan el desarrollo del país. Usemos con prudencia el Fondo Fiduciario, sin gastarlo todo. Allí están las opciones en donde podemos encontrar el camino dentro de las tinieblas especulativas.
El gobierno debe ser más copartícipe en su influencia dentro de las instituciones privatizadas de la rama de servicios públicos, como la energía eléctrica y la telefonía. Si se supone que tienen activos dentro de esas empresas, además que las transnacionales usufructúan gracias a los clientes locales, ¿El Estado no tendrá derecho de imponer las reglas del juego para beneficio de los ciudadanos? |