Domingo 6 de junio de 1998

 








 

 

 


Emilia Pacheco:
salvó vidas en medio de la guerra

"América estaba amenazada, por eso me llamó y yo le ofrecí lo mejor de mí, para ayudar a mantenerla libre". Emilia Isabel Pacheco Amador. El 6 de junio se cumplieron 55 años del ataque en las playas francesas de Normandía en que unos 300 mil hombres entre aliados y la fuerza enemiga estuvieron frente a frente.

Maritza Reyes Ortega
Crítica en Línea

Emilia Isabel Pacheco, jamás se imagino que su vocación por la enfermería la llevaría a enrolarse en el ejército de la primera potencia mundial, y menos aun que su primera misión como ángel blanco estaría en los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial.

Pero algo distinguía a la enfermera Pacheco del cuerpo médico que asistió durante la guerra. Fue la única panameña y latinoamericana que junto al equipo del hospital 48 se mantuvo hasta el final en la línea de fuego durante los enfrentamientos bélicos en Europa auxiliando a los soldados heridos en batalla.

De esta historia a la fecha ha transcurrido mucho tiempo, pero no ha sellado las experiencias sufridas por la enfermera panameña en las líneas avanzadas en Francia, Holanda, Bélgica y Alemania, bajo el armamento alemán.

Pacheco, una mujer trastocada por el tiempo, mantiene aún su espíritu de fortaleza y un deseo inagotable de guardar celosamente los testimonios de la tragedia que inicio en 1941 y de la cual ella fue testigo.

No vacilo en concedernos la entrevista el mismo día que la contactamos. En su residencia se equipo con fotografías que dan fe de su relato. Con voz queda suspira y en su mirada pareciera retroceder el tiempo.

Es así que arguye con firmeza antes de confiarnos su historia "jamás se borrará de mi memoria aunque viva cien años mi experiencia en el frente europeo".

A su ingreso al ejército norteamericanos, los periódicos que circulaban se hicieron eco por ser la única latinoamericana (panameña) en la fila que conducía hacia la guerra. A los pocos días recibió una misiva de atención de su cuñado el general Robert K. Thailor, segundo en mando de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, que dirigía como principal Dwight Haword. En la nota Thailor le advertía que desistiera de su osadía- ella le respondió "yo quiero ser enfermera de guerra"- él concluyó " recuerda lo que verás será duro y muy cruel".

Organizados los grupos, se seleccionaron a las enfermeras que serían entrenas en el hospital Forge Vally en Filadelfia durante siete meses para sobrevivir en batalla. Pacheco ingresó en el Hospital 48, conformado por 32 médicos y 18 enfermeras. Fue el primero de los tres que estuvo en campo abierto.

El entrenamiento fue arduo y de madrugada: Largas caminatas y simulacros de primeros auxilios. Así empezó la preparación física en los Estados Unidos para ir posteriormente a Europa.

Un día inesperado el hospital 48 fue informado que partirían al día siguiente para el ETO ( Europa Teatro de Operaciones). Zarparon en el barco inglés- Arundel Castle- de Fort Jackson en Carolina del Sur pasaron por New York hasta llegar a Inglaterra. La travesía que se hacía en dos días se prolongó por dos semanas, esto porque el vapor viajaba en zigzag para despistar e impedir el bombardeo de los submarinos.

Ya en Inglaterra fueron distribuidos en distintos hogares, y se reanudaron los entrenamientos durante tres semanas. El silencio y la discreción fue el arma de seguridad.

En el ETO se reunieron todos los generales, hospitales y pelotones para organizar los que irían al frente en la línea de los aliados.

El hospital 48 se fraccionó en tres grupos, pelotón1, pelotón2, pelotón3, con la idea de atender heridos en partes específicas. Pacheco fue asignado en el pelotón3 que trataba a los lesionados en la cabeza. Los hospitales estaban muy bien organizados, recuerda Pacheco: Quirófanos, camillas, salas de cuidados intensivos, rayos x y sala de operaciones. En principio los alemanes respetaron el símbolo gigantesco de la Cruz Roja, pero cuando la guerra recrudeció fueron bombardeados muy de cerca.

El pelotón 3 estuvo a mando del general George Patton Smith, un hombre de mediada estatura, de carácter fuerte, mal hablado, pero muy querido y respetado por las tropas, católico y respetuoso de la libertad.

Así lo describió la enfermera Pacheco, sonríe y argumenta que en una ocasión mientras cuidaban a los enfermos del silencio surgió una voz: "¿El general Patton, el general Patton está aquí?". Lo correcto en aquel momento era el saludo militar, pero la enfermera panameña sorprendida por la personalidad del hombre que dirigiría el ataque a Normandía dijo estupefacta "¿Es usted el general Patton?". El militar inquirió la cabeza y le respondió "¿De dónde es usted?" . Ella con nerviosismo dijo de Panamá City ¡Ah de Panamá Florida¡ , ¡No! grito uno de los coroneles que acompañaba al general y agrega es Panamá donde está el Canal. Patton la observa por segundos y le pregunta con notable sentido de humor "¿usted a nadado en el Canal?". Ella sonrió.

EL ATAQUE A NORMANDIA

Una de las fechas que aún viajan en su memoria de los enfrentamientos de las tropas de los Estados Unidos acantonadas en Inglaterra fue la invasión a la costa de Normandía ( Francia) el 6 de junio de 1944 que llamaron día" D".

Antes del embarque el general Patton reunió a los tropas y con voz altisonante dijo" ha llegado el día" y se voltio hacia las mujeres y agregó " Van a oír lo que no quieren oír y ver lo que no han imaginado ver, aún están a tiempo de retroceder". Las tropas se mantuvieron firme.

"Es que Patton inspiraba seguridad a sus hombres, los defendía y siempre iba al frente de batalla. Cuando se reportaban bajas sus ojos se nublaban y sólo así se le veía flaquear", testimonió Pacheco.

El 6 de junio los soldados desembarcaron de unas 700 naves y 4 mil barcazas en las playas francesas de Normandía, rompiendo el frente occidental Alemán.

Unos 300 mil hombres entres aliados y la fuerza enemiga estuvieron frente a frente en unos de los encuentros que marcaría el final de la guerra en las tierras europeas.

Varias semanas después del primer desembarque, 370 oficiales, 32 enfermeras y dos civiles zarparon en un buque tipo comando rumbo a las playas de Utha Beach. Recuerda Pacheco que cuando los buques se acercaban a la isla desde lejos se divisaba la parte sur cubierta por una humareda que daba visos de los enfrentamientos.

"Fue como si un huracán hubiese arrasado con isla: casas destruidas, barricadas, soldados muertos ¡ Jesús! fue una verdadera matanza", afirmó acremente Pacheco.

Médicos y enfermeras del pelotón del general Patton en la que figuraba la enfermera panameña se alistaron para auxiliar a los sobrevivientes, en este primer encuentro.

El hospital de la tercera división se instalo a poca distancia del bombardeo. Pacheco asegura que en varias ocasiones atendieron a alemanes heridos que susurraban ¡germany, germany!. Ella cree que estaban hastiados de la guerra.

Se impuso un régimen de seguridad cuando se desplazaban de un lugar a otro. Se prohibió el consumo de frutas y otros alimentos que encontraron a su paso. Algunos soldados que osaron murieron envenenados.

Ya en las cercanías de París, el pelotón tres fue trasladado al noveno ejército por los ataques que se suscitaron. Desde este punto se desligó el contacto con el general Patton que se mantenía en combate.

El noveno ejército paso a Luxemburgo, donde los aliados libraban otra batalla. Ahí a Pacheco le toco aliviar a muchos, y vio rendirse a decenas de soldados alemanes.

Al final de la guerra los miembros del hospital 48 ganaron 4 estrellas por su participación en las batallas en Normandía, Norte de Francia, Rhnelland y Europa Central.

Del general Patton, la enfermera panameña guarda las imágenes de un hombre valiente, que sufrió la muerte de cada soldado, pero que saboreó el triunfo. Nunca fue herido en combate, empero la velocidad automovilística le cobró la vida a los pocos meses de la victoria aliada.

Con la mirada fija en sus retratos trata de ocultar su tristeza, entonces alude con firmeza "no me arrepiento de mi participación en la guerra y si en esta época se desatara la tercera guerra mundial estaría dispuesta a ir al frente, pero antes rezaría mucho para que no ocurriera. La guerra es dura y cruel y destruye el espíritu del hombre", concluyó.

 

 

 

 





 

Apuntes


Aún en sus ojos parecieran desfilar las imágenes crudas de la guerra. Aquella que segó la vida de cientos de hombres en los campos de batalla en Europa hace ya más de cinco décadas. Ayudada por recortes de periódicos y un viejo álbum de fotografías hace un esfuerzo por traer a la memoria las vivencias de dos años y diez meses que junto al bando aliado se logró la liberación de Europa de las garras del fascismo.

Su rostro se entristece por segundos cuando vienen a la memoria las voces de alerta que inducía a socorrer a los hombres mutilados y ensangrentados. Unos sobrevivieron y otros expiraron en los quirófanos, y se ilumina cuando el eco del triunfo sembró la paz en Europa y la seguridad en América.

Tenia sólo 23 años, cuando se enlistó voluntariamente en el ejército de los Estados Unidos. Con ella otro grupo de mujeres de la misma edad que sin vacilar acudieron al llamado dejando su uniforme blanco por el verde olivo. Su misión: Salvar vidas.

Pese a la oposición de sus familiares y la dificultad en principio para ingresar al ejército fue aceptada, por intermedio de la Cruz Roja, con el rango de Primer Teniente. Ya uniformada se embarcó rumbo a un destino que no presagio, pero que su espíritu de libertad la condujo a él. Estuvo en la línea de fuego y no sintió miedo.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Al finalizar la guerra Emilia Pacheco se mantuvo en el ejército de los Estados Unidos por un año. Posteriormente regresa a Panamá con el grado de Capital del ejército norteamericano e inmediatamente fue admitida en el hospital Gorgas administrado por este país, donde laboró hasta su jubilación.

La enfermera panameña recuerda los días de lucha en los campos europeos. Una batalla que no presagió, pero de la cual no se arrepiente aun al saber que expuso su vida en la línea del fuego Alemán.

La enfermería fue la carrera que la apasionó desde pequeña. Su destino estaba marcado, y fue en la guerra donde experimento su verdadera vocación.

 

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