Martes 8 de sept. de 1998

 








 

 

FAMILIA
La guerra contra las drogas

James A. Inciardi

Ciertas cláusulas de la Ley Harrison permitían a los médicos prescribir, dispersar o administrar narcóticos a sus pacientes con "fines médicos legítimos" y "en el curso de la práctica profesional". Pero la manera en que se interpretan estas dos frases, en última instancia, definía el consumo de narcóticos como un delito.

Por un lado, la comunidad médica sostenía que la adicción era una enfermedad y que los adictos eran pacientes a los cuales las drogas se les pedían prescribir para aliviar la desesperación de la abstinencia. Por el otro lado, el Departamento de Hacienda interpretaba la Ley Harrison comno estableciendo que la prescripción de un médico para un adicto era ilegal. La Corte Suprema de Estados Unidos rápidamente igualó la controversia.

En Webb v. U.S., discernido en 1919, la Corte sostuvo que no era legal que un médico prescribiera drogas narcóticas a un paciente adicto con el finde mantener su consumo y consuelo. En U.S. v Behrman, decidió tres años más tarde, esta reglamentación avanzó un paso más al declarar que una prescripción de narcóticos para un adicto era ilegal, aun si las drogas se prescribían como parte de un programa de cura. El efecto de estas decisiones se combinó para hacer casi imposible para los adictos obtener drogas legalmente. En 1925, la Corte Suprema enfáticamente revirtió su anterior decisión en Lindner v. U.S., desestimando la opinión de Berhman y sosteniendo que los adictos tenían derecho a atención médica al igual que otros pacientes, pero la reglamentación casi no tuvo efecto. A esa altura, los médicos no estaban dispuestos a tratar a los adictos bajo ninguna circunstancia, y había emergido un bien desarrollado mercado ilegal de drogas para responder a las necesidades de la población adicta.

Las fiestas de nieve, la propaganda alemana de guerra y el surgimiento del adicto delincuente.

Muchos comentadores de la historia del consumo de drogas en Estados Unidos han aducido que la Ley Harrison expulsó a los adictos de la sociedad legítima y los forzo a entrar en el submundo. Como una vez lo describió el abogado Rufus King, un conocido cronista de la legislación norteamericana sobre narcóticos: "Salga el paciente-adicto, entre el delincuente-adicto. Pero esta interpretación causa/efecto tiende a ser una mala interpretación bastante extrema de un hecho histórico.

Sin duda, a comienzos del siglo XX la mayoría de los consumidores de narcóticos eran miembros de la socedad legítima. De hecho, la mayoría por primera vez había experimentado los efectos de los narcóticos a través del médico de la familia o del farmac

utico legal o el almacenero. En otras palabras, su adicción había sido médicamente inducida durante el curso de un tratamiento por alguna otra dolencia percibida. Sin embargo, mucho tiempo antes de que la Ley-Harrison hbuera sido aprobada, había indicios de que esta población de consumidores había empezado a hundirse. Había existido agitación tanto en las comunidades médicas cuanto en las religiosas contra el uso azaroso de narcóticos, definiendo gran parte de él como una enfermedad moral. Para muchos, la pura fuerza del estigma social y la presión servía para alterar su consumo de drogas.

 

 

 

 

 

 



 

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