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Hay padres de familia, esposos, hijos y hermanos que rechazan que sus mujeres (sean madres, hermanas, hijas, o esposas) alcancen sus sueños. Se conocen casos de padres que les han dicho a sus hijas que los estudios no son importantes, y que una mujer nace para casarse y levantar una familia.
Lo mismo puede decirse de los esposos que obligan a sus mujeres a abandonar los trabajos y la universidad, porque las quieren en casa, cuidando los hijos y sirviéndole la comida cuando él llega del trabajo.
No soportan que sus compañeras sí estudien y consigan mejores puestos de trabajo (aunque no les pagan igual que a un hombre), y menos que las trasladen y la familia entera tenga que cambiarse de provincia o de país. Sin embargo, si es a ellos a quienes les trasladan, ella sí tiene que seguirlo sin protestar. La mujeres son personas, con iguales derechos y deberes que los hombres, capaces de adquirir iguales compromisos, y algunas hasta con mejor olfato para negocios y talento para la administración.
Considerar a nuestras féminas como individuos de segunda categoría, incapaces de tomar buenas decisiones y mejorar sus condiciones de vida, al igual que la de sus familias, es tener los pies en cualquier parte, menos sobre la tierra. |