PADECE DE CEGERA
En estado de desesperación
y angustia vive anciana en Gariché

Vielka Cádiz F.
Chiriquí - EPASA
Juanita Muñoz, una
humilde y enferma anciana que a su larga edad confronta serios problemas
de visión, desde hace más de 20 años, vive solitaria
en una humilde chocita ubicada en la comunidad de Gariché, en el
distrito de Bugaba.
Con una deteriorada ropa y apoyada en un palo que le sirve de bastón,
encontramos en nuestro recorrido por la mencionada población a la
"viejecita" saliendo de la letrina y buscando el camino para regresar
a su hogar.
Y es que el "excusado", como se le conoce en la región,
se encuentra aproximadamente a unos 20 metros de distancia de la casa, por
lo que la señora se expone diariamente a alguna caída o choque
con los tallos y demás cultivos que están sembrados en el
patio.
Al llegar a la vivienda, construida de cañazas y con piso de tierra,
iniciamos la conversación con la solitaria ancianita, quien desde
que su esposo falleció se vio obligada a enfrentar la vida sola y
con un hijo.
Durante la entrevista con EPASA, Juanita comentó que una noche
en que fue a la letrina se perdió entre los sembradíos de
plátano que hay en los alrededores de su hogar, cuando se disponía
a regresar. Ante ese hecho, la ancianita tuvo que permanecer hasta la madrugada
en busca de su refugio y bajo el sereno.
Aunque en la casa de Juanita vive un nieto y además es auxiliada
por una ex nuera, quien la visita para ayudarla en los quehaceres cotidianos
de la casa, ella permanece la mayor parte del día sola, sentada en
una deteriorada silla y escuchando el cantar de los pájaros que la
visitan.
Luego de presentarse, la señora nos manifestó que desconocía
su edad, al perder el curso de los días cuando comenzó a sufrir
de ceguera y por no tener a alguien permanente a su lado para que conversen
y la pongan al día de lo que acontece.
Cabe destacar, que durante el diálogo la señora comentó
que tiene un hijo, quien reside en la comunidad de Paso Canoa, en la frontera
con Costa Rica, pero que de vez en cuando la visita y le envía el
recurso económico para su subsistencia.
Desde que perdió la visión, Juanita no ha tenido la oportunidad
de realizarse el examen respectivo, ya que la ayuda de su hijo solamente
alcanza para comprar los alimentos y no así para visitar a algún
médico.
Con el transcurrir de los días, la anciana aseguró estar
un tanto decepcionada de la vida, pero, ¿quién no con una
situación igual a la de Juanita?
Al ingresar al humilde hogar, pudimos percatarnos que Juanita duerme
en una cama hecha de cañazas y sobre la cual coloca algunos "trapos"
que la cubren. Como si esto fuera poco, al lado de la cama se encuentra
el fogón, donde anteriormente Juanita cocinaba los alimentos.
Tras ser cuestionada respecto a la forma cómo descansa sobre una
dura e improvisada cama, esta aseveró que duerme mal, ya que amanece
con dolores en todo su organismo.
Por lo menos, ahora tengo "cama" dijo Juanita, porque antes
dormía sobre unos cartones que colocaba en la propia tierra, y que
debido a la humedad del suelo le causaba fuertes catarros, escalofríos
y altas fiebres.
En momentos como éstos, durante las noches "me da mucho miedo,
porque me atacan los nervios", lo que me impide conciliar el sueño,
pronunció.
Como buena creyente en Dios, la señora afirmó que ella
acudía a la Iglesia, sin embargo, a causa de la ceguera, se vio obligada
a abandonar esa actividad.
Por casualidad de la vida, al momento de nuestra visita encontramos a
Juanita con un fuerte estado gripal que le había provocado fiebres,
mareos e intensos dolores en las extremidades desde hacía más
de 15 días; sin embargo, ésta se mantenía soportando
la enfermedad, como un ser que no importa y que al contrario es una molestia
para la sociedad.
Debido a la falta de visión, así como la carencia de recursos
económicos para buscar medicinas que la alivien, la solitaria anciana
ha tenido que aguantar la enfermedad, que además le ha ocasionado
la pérdida del apetito.
"Yo quisiera que esa maldad se me quitara de la vista para ver bien
y poder hacer mis cosas sin necesidad de molestar a nadie", expresó
en un tono angustioso la pobre viejecita.
Dijo que tiene una hermana que vive en la comunidad tica conocida como
Sigua, pero desde que ella se trasladó a vivir a Gariché,
no ha tenido conocimiento sobre su paradero.
Parece irónico, pero mientras algunos nos quejamos cuando no tenemos
las facilidades para comprar algún objeto material; otros como Juanita,
solo desean estar sanos para admirar y disfrutar de lo bello que es la vida.
Envuelta en un terrible estado de desesperación y angustia, Juanita
elevó una plegaria a Dios, para que la sane.


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