OPINION

CUARTILLAS
Olvidar

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Por Milcíades Ortiz Jr.
Catedrático

Un joven que ahora tiene veintidós años era un niño cuando cayó la dictadura. Por eso no recuerda los sufrimientos que tuvimos la mayoría de los panameños, ni la lucha civilista que se hizo para destronarla. Tal vez sus padres no le cuenten del régimen de terror de Noriega y sus aliados izquierdistas. No hablarán que los bancos estaban cerrados, que la gente era arrestada por cualquier cosa, que miles de "sapos" (soplones pagados) circulaban por todos lados, incluyendo falsos taxistas.

No sabrán de las avenidas llenas de negocios cerrados; de familias dispersas porque alguno de sus miembros se fue a Canadá o cualquier país, donde tuviera mejor futuro. La corrupción era general y sólo valía lo que decidían los militares cobardes y engreídos. Se había pedido la vergüenza y la moral en mucha gente débil, que se plegaron a los militares por dinero y privilegios.

Queridas que lucían sin pavor costosos autos, joyas, residencias en las playas, viajes para hacer compras en aviones del Estado, son algunas cosillas que disfrutaron los de la dictadura. A quien se oponía y quería vivir en Democracia, les daban "palo y plomo". A los amigos "plata..." Los cheques del gobierno se tenían que cambiar pagando más del diez por ciento a unos bellacos.

Narcotraficantes colombianos se paseaban por nuestras calles como si estuvieran en su casa. Panamá fue refugio de cuanto rufián tuviera suficiente dinero para pagar su permanencia en este país, convertido en hacienda particular de los militares y sus civiles cómplices. Claro que los norteamericanos pudieron llevarse a Noriega sin invadir, pero habrían dejado el cáncer de las Fuerzas de Defensa que hubieran seguido manipulando el poder. Por eso la destruyeron a bombazos.

Y lo que pensábamos varios resultó. Nadie del Estado Mayor de los militares se enfrentó a los gringos. Huyeron como ratas, dejando a unos Codepadis y Batallones de la Dignidad luchando contra los soldados. Lamentable es que decenas de panameños hayan muerto por defender a Noriega. Porque no se trataba de la paria panameña, puesto que Noriega y sus adláteres no eran el país, sino sus usurpadores.

Sí, jóvenes panameños. Mucho sufrimos con la dictadura militar y sus civiles cómplices. Por eso no es motivo de fiesta el veinte, aunque nos trajo la Democracia que parece que los actuales politiqueros no se merecen. Debo confesar que estoy desilusionado con esta nueva Democracia de trece años. He visto resurgir a politiqueros sinvergüenzas, a aprovechadores de la cosa pública, a demagogos(as).

Parece que hacía falta unos diez años más de dictadura, para que los panameños aprendieran a apreciar la Democracia en contra de la dictadura. ¡Por supuesto que es mejor vivir en esta Democracia que en la dictadura militar narcotraficante! Lamento que la actual clase política en muchos casos no esté a la altura de las circunstancias y sólo piense en llenarse los bolsillos.

 

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