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Nuestros muchachos han sido engañados. Se les inculcó un amor por el dinero, pero en el mensaje a alguien se le olvidó incluir que para obtenerlo hay que estudiar bastante, y trabajar mucho más. Por esa razón, nuestros jóvenes (léase entre 15 y 40 años) han optado por cruzarse de brazos ante el estudio y el trabajo continuo, y apuestan todo lo que tienen -que casi siempre es muy poco- al dinero fácil.
Ahí puede estar la explicación de los robos, las estafas, la pereza y la lucha laboral por conseguir cada vez más dinero, a cambio de menos trabajo. ¡Y por nada del mundo se preocupan por la calidad de lo que hacen, y vade retro si el pago que se les dará se hace en función de su productividad! Nos gusta lo fácil. Por eso muchos se meten a políticos.
Nos vemos en un bonito apartamento, con carro propio y muy fino, ropa de la mejor y viajando por el mundo. Pero en ese sueño no nos vemos trabajando diez, doce o catorce horas diarias, no nos vemos estudiando para se mejores, no nos vemos creando nuevos procesos para mejorar la producción en la empresa o la oficina.
Curiosa manera de ver la vida. Tal vez sea eso lo que nos diferencia a los latinoamericanos (algunos, no todos gracias a Dios) de los grandes países del primer mundo, los que son enormes no por su extensión territorial o sus cuentas bancarias, o sus muchos recursos naturales. Son grandes por el espíritu emprendedor y de trabajo continuo y creativo de su gente. |