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Desde pequeños nuestros padres nos enseñan buenos modales. No obstante, a medida que vamos creciendo pareciera ser que se va perdiendo esta enseñanza. ¿Por qué? Tal vez ha ido desapareciendo dentro del hogar o simplemente problemas personales que no son motivos suficientes para ser groseros, descorteses, o patanes.
Esta gran realidad se puede vivir en carne propia en la instituciones públicas, donde la atención al contribuyente por parte de algunos funcionarios no es la de una persona que se supone pasó por un colegio donde se imparten estos conocimientos.
Solo debemos ponernos a pensar un poco en el trato y los buenos modales hacia las demás personas ya que no cuesta nada hacerlo y poner en práctica el tan conocido refrán "no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran".
Hubo una época en Panamá cuando el honor y la dignidad de toda una familia se medía por la conducta irreprochable de sus hijos. Los viejos de la casa se preocupaban por enseñar a los menores las normas de conducta que prevalecían.
En algún momento -los investigadores sociales fijan la fecha en la década de los setenta- todos estos valores se trastocaron , y los buenos modales y trato elegante entre ciudadanos dejó de ser algo importante, y nos convertimos todos en extraños.
Dicen que eso es lo que pasa en las grandes ciudades, donde la excesiva población impide la intimidad y la cortesía. Eso no es cierto, el que es buena gente lo será estando en un cuarto pequeño, o en el desierto del Sahara. |