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La captura de Saddam Hussein marca el fin a la persecución de un hombre que gobernó a Irak con puño de hierro durante 24 años y que lanzó dos guerras antes de ser derrocado en abril por fuerzas encabezadas por Estados Unidos.
El ex gobernante, de 66 años, parecía tan escurridizo como el líder de Al Qaeda, Osama bin Laden, y el del Talibán, Mullah Omar, quienes aún no han sido apresados.
Estados Unidos comenzó la guerra en Irak el 20 de marzo con un ataque aéreo dirigido a matar a Hussein y decapitar el militarizado estado gobernado por el partido Baas, que había forjado con sangre, hierro e ingresos petroleros.
La larga escapada de Saddam Hussein de las fuerzas encabezadas por Estados Unidos apenas superó los ocho meses, tras el desmoronamiento del régimen.
Los estadounidenses han perseguido al depuesto presidente iraquí, cuya captura en Tikrit se produjo el sábado, para poder exhibir su detención como el símbolo del definitivo colapso de su poder y reducir las acciones de la resistencia contra las fuerzas ocupantes, que le acusan de instigar los ataques.
El escurridizo Hussein recurrió a la difusión de mensajes grabados -cuya autenticidad no ha podido ser determinada en todos los casos- para tratar de mantener la oposición a los invasores, una vez que el desmoronamiento de sus Fuerzas Armadas fue evidente con la caída el 9 de abril de Bagdad.
"Durante 35 años Saddam se presentó como un león contra Occidente", dijo Laad Hamadi, un ingeniero iraquí. "Y ahora lo atraparon como un ratón", acotó el civil.
Nacido el 28 de abril de 1937 en Tikrit, al norte del país, y cuna del legendario Saladino que en 1187 arrebató Jerusalén a los cruzados, Saddam Hussein de acuerdo con la tradición se apoyó en el clan para garantizar su supervivencia, aunque no dudó nunca en eliminar también a sus allegados. |