Mientras estuvo viva, todos los días de la Madre me refería a la mía en estos escritos.
Se los leía y mi madre se emocionaba. A pocos años de su muerte, le dediqué toda la columna. El escrito lo conservé en plástico y se lo regalé.
Ella lo puso cerca de su cama. Y con orgullo se los mostraba a quienes la visitaban.
A pesar de saber que desde joven he sido periodista, y por lo tanto tengo la facilidad de escribir, se sentía orgullosa que le dedicara unas líneas en el periódico...
Hace más de tres años mi madre falleció. Confieso que no he perdido la inspiración que me daba para escribir en este día.
A veces olvidamos atender debidamente a nuestra madre por los trajines de la vida. O, sencillamente, porque ya ha perdido muchas de sus facultades por cuestiones de edad...
No les extrañe que para algunas mamás este día sea de trabajo en el hogar. Hacen comida para los hijos y sus parientes.
Terminarán agotadas, pero contentas...
Otros hijos no atienden a su madre todo el año. Luego se aparecen el 8 de diciembre con un costoso regalo... para compensar su olvido.
No se preocupen, ella con una sonrisa aceptará la situación, aunque hubiera preferido más visitas y menos gasto en regalos.
Para las madre no hay hijos grandes. La mía me llamó por mi "sobre nombre" de niño hasta el final de sus días.
A veces se reía al comentar que "yo tenía más canas que ella".
Pero la vida sigue su curso. "Unos llegan y otros se van"... como decían algunos "filósofos de bancas" del Parque de Santana, hace más de cincuenta años.
Se debe señalar que ahora muchas madres tienen que trabajar "fuera de casa", y otras mujeres ocupan parcialmente su lugar.
Niños criados por abuelas, tías, hermanas mayores y hasta vecinas, tendrán más de una madre a quien agasajar en este día.
Por favor regalarle algo que realmente lo vaya a disfrutar. Nada de artefactos tecnológicos complicados. Mucho menos que salirse con un regalito de dos balboas, mientras el hijo se gasta decenas en vicios y lujos.
Muchos panameños que son ciudadanos ejemplares, se lo deben a los esfuerzos y consejos de sus madres.
Conozco a hombres que reconocen que la disciplina y los castigos (incluyendo "correazos") de su madre lograron enderezar sus vidas.
Ni qué hablar de los malos hijos que se aprovechan del cheque de jubilada de su madre, de que le lave la ropa, etc. Ellos se lamentarán cuando no la tengan a su lado...