Una familia que lucha por sobrevivir
en La Mesa de Veraguas
Texto y Fotos Juan B. Madrid
Veraguas - EPASA
En ocasiones la vida de una
pareja tiene reveses dolorosos al momento de concebir sus hijos, que son
la felicidad de un hogar; sin embargo existen condiciones que muchas veces
hacen más difíciles estas situaciones y pareciera que la naturaleza
se ensañara con aquellos que menos tienen.
Tal es el caso de la familia Mendoza, en la comunidad de los Mendoza
del distrito de La Mesa, que luego de tener dos hijos sanos vieron nacer
a Juan A. Mendoza con un defecto conocido como parálisis infantil,
la cual lo condenaría a pasar toda su vida en una silla de ruedas,
como si esto fuera poco su siguiente hija Yessica Beatriz Mendoza viene
al mundo con el mismo destino de su hermano mayor.
Viviendo en un sector marginal y apartado de la provincia, los esposos
Arquimedes Mendoza y Virginia Muñoz han tenido que vivir y luchar,
con sus pocos recursos, con la realidad de ver a sus hijos postrados en
una silla de ruedas, sin hablar más que unas cuantas palabras balbuceadas.
La humilde casa, en la cual viven estas personas se encuentra ubicada
en esta pequeña comunidad y para llegar a ella, se debe caminar por
espacio de una hora, a través de una trocha que en partes presenta
pasos realmente peligrosos, como es el caso del puente colgante sobre el
río conocido como el Pilón, el cual representa una verdadera
trampa de muerte por su deterioro.
En un inicio, estos abnegados padres acudieron a toda las citas de terapia,
que sus hijos necesitaban para lograr evolucionar del estado en que se encuentran;
esto era posible debido a que ambos niños, el mayor quien hoy cuenta
con 12 años de edad y la niña con 10, estaban pequeños
y era relativamente posible hacer el viaje, hasta donde el transporte los
pudiera trasladar hasta Santiago.
Sin embargo, el tiempo fue pasando y cada día se fue haciendo
más difícil dicho viaje, esto por el tamaño de los
niños, ya que ambos tenían que ser llevados en brazos por
sus padres debido a su condición.
Aunado a esto está el factor económico, según lo
relató la señora Virginia; el presupuesto mínimo con
el que deben contar para cada viaje es de 10 a 15 dólares, que es
precisamente lo que gana su esposo, en las labores agrícolas durante
una semana, pues se trata de un sector donde los salarios si acaso alcanzan
para la alimentación, sobre todo de una familia de 7 personas.
Este factor prácticamente liquida las esperanzas de estos humildes
veraguenses, de ver la recuperación que tanto anhelan para sus hijos,
pues los especialistas les han recomendado terapias intensivas como un paliativo
muy positivo a la enfermedad que los ataca.
Como lo relató Arquimedes, padre de los infantes, esta situación
ha sido peor este año, pues los últimos meses laboró
en la empresa Minas Santa Rosa; sin embargo, culminado su contrato no se
le ha dado una nueva oportunidad, agregando que a causa de estar en otro
trabajo, no pudo atender las labores agrícolas, quedando sin cosecha
de arroz para este período, lo cual significa para ellos grandes
problemas, si se toma en cuenta que son siete personas las que hay que alimentar.
Sin embargo, todas estas adversidades no han socavado la admirable unión
que existe entre los miembros de esta familia: en el ambiente interno del
hogar se respira tranquilidad, el problema de uno lo es también para
los otros, y es precisamente esta paz la que probablemente a contribuido
a que los niños Mendoza hayan podido desarrollar una vida con cierto
grado de estabilidad.
Una prueba de que existe en estos niños, una mentalidad abierta
al aprendizaje, lo es el hecho de que aún en su condición,
relata la madre, los hermanitos Mendoza entienden las preguntas e indicaciones
que se le hacen y las atienden de manera correcta, lo cual a su juicio indica
claridad mental, y puso como ejemplo a Juan Antonio, que con la ayuda de
sus familiares ha aprendido a contar hasta 10, escribe su nombre, mamá,
papá y otras palabras.
También existe entre ambos un gran amor, que los lleva a compartir
cada una de las cosas a las cuales tienen acceso, a no querer separarse
el uno del otro ni un solo instante, ya que desde su nacimiento han compartido
la desdicha de no poder caminar, hablar y hacer tantas otras cosas que los
niños de estas edades acostumbran; no obstante, esto no les ha arrebatado
su alegría de ser niños y de querer a sus padres y demás
parientes de una manera admirable.
Con lágrimas en los ojos, la madre dijo tener esperanzas de que
exista una organización o club que se interese en el caso, para que
le den la ayuda a sus hijos, ayuda ésta que ellos como padres no
les han podido brindar por las condiciones en que viven, las cuales hacen
prácticamente imposible una acción de la magnitud que se necesita.
También relató que está en espera de que los miembros
del club 20-30, que hacen aproximadamente 5 años los visitaron, les
donaron una de las sillas de ruedas y les prometieron que regresarían
en los próximos días para ayudarlos, se acuerden de ellos
pues son una las únicas esperanzas que tienen, para lograr el gran
anhelo de que sus hijos no sean una carga para la sociedad.
Además existe la posibilidad, de que su casa se pueda construir
en un terreno a orillas de la carretera, que le ha cedido unos de sus hermanos
al señor Arquimedes, lo cual representaría una gran ventaja
para ellos; sin embargo, las burocracias existentes en la dirección
provincial del Ministerio de Vivienda (MIVI) han impedido que esto se haga
realidad, pues se les ha prometido ayuda y esta nunca se ha concretizado,
a pesar de las gestiones que al respeto se han hecho.
Es de esta manera, como se desarrolla la vida de estos humildes veraguenses,
que tienen sus esperanzas cifradas en la ayuda que una mano bondadosa les
pueda proporcionar, dado que las condiciones en las que actualmente viven,
no deja espacio para mayores aspiraciones que la de sobrevivir, teniendo
presente siempre la fe en que Dios no los abandona.

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| La humilde casa, en la cual viven estas personas se encuentra ubicada
en esta pequeña comunidad y para llegar a ella, se debe caminar por
espacio de una hora, a través de una trocha que en partes presenta
pasos realmente peligrosos, como es el caso del puente colgante sobre el
río conocido como el Pilón, el cual representa una verdadera
trampa de muerte por su deterioro. |

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