CUARTILLAS
Deuda

Milciades A. Ortiz Jr.

Pienso que siempre estoy en deuda en lo que se refiere a la atención que brindo a mi madre. Pero ella lo comprende, y como madre perdona las pocas visitas del hijo, la prisa que tiene siempre, la tensión que se refleja en su rostro y otras cosas.

Los que tenemos la dicha de tener con vida a nuestra madre, a veces no contamos con la disposición de tiempo y ánimo para escuchar sus largos relatos, casi siempre sobre aspectos del pasado.

Y es que las madres viven en dos épocas a la vez, y tienen una memoria extraordinaria para recordar cosas del pasado, que a veces no interesan a la juventud que solamente piensa en el presente.

Estas madres llenas de entusiasmo son de un valor incalculable. Aunque nos hablen de sus numerosos achaques, realmente tienen mejor salud que muchos de sus hijos, quienes viven inundados de pastillas y jarabes, y hasta de lo que ahora llaman medicina "alternativa".

Cuando le comento a mi madre que ella tiene mejor salud que yo, no le agrada. Piensa que no creo en sus malestares, pero en realidad estoy diciendo una verdad. Llegar a su edad sin tomar siquiera una pastilla al día de vitamina, es algo digno de admirar y hasta estudiar.

Mientras esto ocurre, su hijo tiene que consumir compuestos de vitaminas y minerales, pastillas para el ácido úrico, el colesterol, los triglicéridos, cápsulas de ajo, para la memoria y otras más. ×Cómo no sostener que ella tiene mejor salud que uno?

Madre es un oficio que nunca se dejará de ejercer y eso a veces no lo comprenden sus hijos ni nietos. Como fue educada con otra moral, cuando existían numerosos valores cívicos y humanos, se espanta ante cosas que ahora son comunes en la juventud.

Entonces viene el llamado "choque de generaciones", la famosa brecha entre dos mundos separados por la edad (el "gap"). No sería raro que se den disgustos en una familia porque la abuela no aprueba que se llegue a primeras horas del día, que los padres no sepan (o no les importa), donde y con quién están sus hijos; que se digan palabras fuera de tono en público, que se escuche eso que dizque llaman música... que el hijo le grite y cuestione la autoridad del padre, etc.

"Vieja... ja...", no será extraño que diga un nieto, molesto ante los regaños de la abuela que desaprueba su corte de cabello, color de pelo, que se encierre en el cuarto con la novia por horas, o que ande vestido con ropa que parece a punto de caerse y demasiado grande.

Estoy en deuda con mi madre porque debería pasar horas y horas escuchando sus recuerdos, para aprender sobre cómo se vivía en Panamá en otra época. Porque no creo siempre sus diversos males, que achaco a la edad y ganas de captar mi atención, por no llamarla todos los días debido al trajín del trabajo, en fin, por no demostrarle plenamente el amor que siento por ella y que se engrandece al avanzar yo en la vejez.

"Madre por siempre" es una verdad grande como un rascacielo, y debo escuchar atentamente sus consejos. Hacerle caso a temas que sugiere para mi columna, o cuando me pide que por favor no escriba tal cosa, para evitar un posible disgusto con la gente que me rodea.

Se debe comprender que vive en soledad que tiene que extrañar al compañero que ya murió hace más de quince años. El silencio de una casa vacía es tan dañino para ella como una tragedia de naturaleza, de esas que a veces teme que ocurran porque está al tanto de lo que dicen los noticieros de TV y revisa algunos periódicos.

No hablo de ser tolerantes, sino de aceptar que ella tiene un espacio en esta vida a pesar de sus años y andar lento. Entender su necesidad de comunicación y lo que sufre por los parientes que ya se fueron de este mundo y la dejaron sola... Simplemente, comprender que se una madre, mi madre, la maestra Italia Vaccaro de Ortiz.

 

 

 

 

 

 


 

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Crítica cumplirá 40 años de fundado por el Dr. Gilberto Arias G., el jueves.


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Sin embargo, manejo un bus de carreras.


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