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Tan importante es la figura de una madre, que Dios Nuestro Señor escogió a una mujer para su fin primordial.  |
Me acerqué sin que se diera cuenta. Lloraba desconsoladamente en la esquina de aquel viejo hospital. Yo esperaba que me dieran unos medicamentos que demorarían, así que me dispuse a conversar con aquella mujer que sólo me trasmitía ternura y dulzura.
Al principio no quería saber absolutamente nada de mí, pero al percatarse que mis intenciones eran buenas, se apoyó en mi hombro y siguió llorando.
Desconsoladamente me miró y empezó su relato. "Estoy muy triste, mi hijo está en coma y no sé que hacer".
LA HISTORIA DE UNA ENTREGA SIN IGUAL
Doña Consuelo (nombre que nos reveló una hora después) se encontraba desconsolada ya que le habían acabado de decir que su hijo estaba en coma y que no sabían cuál sería su futuro.
Luego que la acompañé a caminar un poco, empezó a relatarme su triste historia. "Manuelito", su hijo, era el primero de cuatro que había traído al mundo. Él estaba interno en el quinto piso. Tiene diecisiete años y estudiaba el último año de secundaria.
Desde hace diez años se mudaron para la ciudad capital, ya que su esposo, Manuel, se había ido de la casa; los abandonó a su suerte.
Doña consuelo no sabía qué hacer, así que decidió mudarse para conseguir un trabajo. Había muchas mañanas en las que sólo bebía agua, para que sus hijos pudieran desayunar pan con café.
Apenas llegó a Panamá, empezó a recorrer avenidas, calles y senderos, en busca de alguien que la empleara. Como no tenía ninguna profesión, todos le cerraban las puertas y le impedían obtener los principales recursos para sostener a sus hijos.
Llegó un instante en que pensó vender su cuerpo para poder darles de comer, pero otra madre, con muchos más recursos, y como bajada del cielo, supo comprender su dolor y la contrató para trabajos domésticos.
Fue como un milagro. Al cumplirse doce días en la búsqueda de trabajo Consuelo, fuerte como siempre, decidió tocar una puerta y allí estaba la mujer que le salvó la vida.
En esa casa laboró por más de cinco años hasta que, como es una mujer emprendedora, logró conseguir un puesto de ventas de legumbres, donde día a día trabajaba por más de dieciséis horas para mantener a sus hijos.
Nunca los descuidó; siempre estaba pendiente de ellos. Su día iniciaba a las dos de la madrugada, cuando empezaba a revisarle las tareas a sus hijos. Si no tenían alguna terminada, los levantaba; ya que su disciplina no declinaba. Así los crió y los vio crecer.
Llegó el dolor a su casa cuando "Manuelito" se inmiscuyó con malas compañías. Una semana de trabajo, perdió Consuelo, pero no fue en vano. Siguió a su hijo en cada uno de sus pasos y lo pudo rescatar de una muerte segura.
Como es sabido, por los que están dentro del mundo de las pandillas, estos chicos tienen que someterse a una prueba antes de ingresar, la de "Manuelito" fue robar una herramientas de una construcción.
Entró al edificio en construcción y nunca pudo salir por sí mismo. Como las columnas no estaban en una correcta posición, sufrió un accidente.
Gracias a que Consuelo no dejó de perseguirlo, entró al edificio de donde su hijo no salía, con la esperanza de que el chico se arrepintiera de sus actos.
Al verlo tirado en el piso, intentó sacarlo con todas sus fuerzas, teniendo que llamar para que la ayudaran.
Esa historia es una de las tantas que existen en nuestro país, de mujeres consagradas a la vida de sus hijos.
UN FINAL DE AMOR
Al terminar de relatarme su historia y de caminar por mucho tiempo, llegamos nuevamente al hospital. Ella vivió por una semana en el hospital. Le cantaba a su hijo, lo besaba, lo acariciaba, en fin, le brindaba toda su ternura.
De pronto, como por un milagro, "Manuelito" empezó a recuperarse. A los dos días del primer signo de mejoría, "Manuelito" le dijo: "te amo mamá".
La miró como dándole las gracias por regalarle la vida por segunda vez. Hoy en día, Manuel es un Ingeniero Civil, y "Má Consuelo", como le dicen sus nietos, aún lo protege, como toda madre.
HISTORIAS, HAY MIL
Similares a la historia de Manuel y Consuelo, existen muchas. Ya que el ser madre implica mucho más que simple compromiso económico. Es un sello eterno de amor.
Madres que han sacado adelante, solas, a sus hijos; que les guardan sus secretos, que los acompañan siempre.
Sentirse en los brazos de una madre significa estar protegido, es como estar dentro de un caparazón y sentir que el mundo empieza a caerse y que uno está a salvo.
Sentir las palabras de una madre en el momento justo de depresiones, de tristezas y de dolor, es el mejor consuelo que cualquier persona puede tener. ¡Felicidades! Como las madres, ninguna.
JUAN PABLO II ENARBOLA EL AMOR DE MADRE
Sobre tu blanca tumba, años se han ido sin ti!
¿Cuántos años?
¡Oh Madre!, mi amada desaparecida, para este hijo lleno de amor, una oración: Descansa eternamente.
Con estas tiernas letras que nacieron del corazón para su desaparecida madre Emilia, iniciaba el autor Karol Wojtyla su carrera como escritor. Perdió a su madre cuando tenía ocho años de edad y sólo a través de la escritura, pudo expresar propiamente el sentido de su dolor y pérdida. ¡Cuán importante es tener una madre! Y cuando cumple su misión metida en la criatura o criaturas que está formando, muchas veces sin pensar en ella, nos marca para siempre el sello de su amor, como le pasó a Nuestro Santísimo Padre, Juan Pablo II.
EL DEJAR LAS AMBICIONES PERSONALES
El sacrificar las propias ambiciones profesionales. Esto si que es doloroso. ¿Cuántas madres modernas se respaldan tras el emblema "calidad de tiempo y no cantidad".
¿Serás tú una de ellas? Estar con un hijo en la casa las 24 horas del día es tremendamente agobiante y desgastador, cuando no se tiene un plan, un proyecto. Entonces la cantidad se vuelve rutina y es preferible, por supuesto, hablar de calidad. Es necesario volver al trabajo profesional, además la vida está muy cara y yo quiero darles un futuro mejor a mis hijos, expresan.
¿Será que te sientes incapaz de sacrificar tus sueños individuales para donarte completamente a tus hijos? Es maravilloso y gratificante ser mujer profesional. Se siente muy bien cuando tu nombre suena a algo, a importante, a éxito. Aunque tengas que pasar hasta 18 horas lejos de tus hijos y darles tres horas de calidad de tiempo. ¡Ah, y después de esas tres horas, sentarte frente al computador, y ponerles una película mientras tú tranquilamente sigues en tu casa trabajando y realizándote.
¿Sabes que por eso mismo hoy la carrera de Psicología es una de las más estudiadas? Hay tantos adolescentes que necesitan orientación, que son los psicólogos los únicos que tienen tiempo para escucharlos.
¿QUÉ ES SER MADRE?
"Es la pasión más grande que cualquier mujer pueda sentir. Es sentirse como un Dios, que le da vida a un ser. Es estar en todo momento con los hijos y darles vida con la comida, el vestido y el amor. Creo que en toda mi vida no he tendido alegría mayor que la de poder ver a mi primer hijo salir de mí". Luz María, 26 años, 1 hijo.
"Yo sé muy bien lo que significa ser madre. Por diez años luché por sentir un ser dentro de mí, por sentirme completamente mujer... no sé, luchaba por ser lo mejor. Soy doctora y profesionalmente me sentía complacida, tenía un esposo al cual adoraba con todo mi ser y la gente me respetaba en plenitud. Me preguntaban, por qué me hacía falta un hijo. Hoy, a un año de haber traído a mi única hija al mundo, te puedo responder con propiedad, me siento más llena que nunca. Cuando me dieron la noticia sentí que estaba volando en el cielo y que los ángeles de Dios me llevaban cargada. Mejor fue cuando di a luz, me sentí como si la tierra entera me agradeciera por todo". Anastacia, 35 años, un hijo.
"No tengo palabras para definirlo. Creo que la que mejor ha definido esta palabra ha sido la Virgen María quien muy enfáticamente dijo: Que se haga en mí según su palabra, al responderle a Dios. Nosotras las madres, sabiendo lo que los hijos nos pueden hacer sufrir o gozar, ponemos las manos sobre el fuego por ellos. Así mismo la Virgen María, sabiendo que iba a llorar de dolor, aceptó su misión de traer al mundo a Jesús. Una verdadera madre es la que al igual que Ella, está al final con su hijo, aunque muchas veces ellos no saben agradecérnoslo". Ester Aurora, 40 años, dos hijos.
"Es sentirse elegida por Dios, ya que no son todas las mujeres quienes pueden colaborar en la creación con el mismo Señor Jesucristo". Cecilia, 57 años, 4 hijos. |