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Hay padres de familia quienes creen que atender a los hijos es comprarle ropa, medicinas y comida. No los acompañan en las cosas diarias de la vida, en la escuela, en los juegos de la calle, en los sufrimientos emocionales que bien pueden parecernos triviales, pero que para ellos representan un mundo.
Muchos dejan a sus hijos con terceras personas para que los cuiden y los atiendan todo el día. Puede ser en una guardería o en la misma casa. Los muchachos crecen con estas personas -y algunos son unos perfectos extraños- y aprenden de ellos las cosas que debieran aprender de sus padres.
Cuando los padres llegan a casa, tarde y cansados en la noche, no se detienen a conversar con los niños para hacer un informe de cómo fue su día. Esta conducta se mantiene a lo largo de muchos años, sin que aprendamos a compartir con ellos su vida plenamente.
Es cierto que la situación no es fácil porque los padres deben trabajar duro, y para ello deben recorrer enormes distancias para hacerlo. Estar con los hijos no es ya una prioridad de la gente adulta y la familia se está destruyendo. Así las cosas pongamos las cosas en el orden que deben mantener, para evitarnos sinsabores. |