OPINION


Privado

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Por Milcíades A. Ortiz
Catedrático Universitario

¿Hasta dónde llega la vida privada de un funcionario público? Esa es una de las in-cógnitas más delicadas que confronta todo periodista. En Estados Unidos, en algunas universidades se enseña al alumno de periodismo que "debe detenerse frente a la puerta de la casa" del funcionario público. Pero hay otros que ante la campaña contra la violencia doméstica, dicen que el periodista tiene derecho a denunciar al personaje que golpea a su familia. "No puede ser buen empleado público quien abusa de sus familiares", sostienen esas personas.

Entonces la privacidad del funcionario público se reduce ante la labor "fiscalizadora" del periodista. Ahora se acepta que "debe detenerse ante la puerta de la recámara del funcionario(a) público". Y es aceptado por muchos que mientras más importante sea el funcionario(a) público, menos vida privada tendrá lejos de la pesquisa de los periodistas.

Creo que todo el mundo tiene derecho a la privacidad. Lo malo es que no se puede permitir que las actividades privadas interfieran o tengan algo que ver, con los asuntos de gobierno y Estado. Aquí la cosa es distinta, porque el interés público está por encima del privado, principio que es aceptado por mucha gente en el mundo.

Y tiene su lógica este principio. No puedo imaginarse a un juez haciendo bien su trabajo, si él mismo es un ladrón disimulado: no paga impuestos correctamente, busca la manera de aprovecharse de su trabajo para conseguir beneficios, etc.

Tampoco puedo pensar en un juzgador de problemas familiares que tiene esposa, amante y "afaires". ¿Con qué moral podrá juzgar a los demás? Y en cuestiones del ejercicio del poder (gobierno), es también delicado lo privado cuando interfiere con el interés público. Por ejemplo: hay que nombrar a una persona y se escoge a alguien que tiene relaciones personales con ese funcionario.

¿Es esto ético y moral? Creo que en algunos quedará la "duda" lógica, que si el nombramiento se hizo por capacidad o por razones "privadas" personales. Y esto no es sano para el correcto desempeño de la vida pública en ningún país.

Los periodistas tendrán que ser reflectores de esas dudas y suspicacias, que surgirán cuando ocurran situaciones como las antes mencionadas. No se trata de ganas de "fregar paciencia", sino que el periodista debe ser vocero de lo que piensan amplios sectores de la comunidad.

La comunidad panameña y la latinoamericana en general, es muy sensible a asuntos privados interfiriendo con la vida pública. Por eso surgen chistes, caricaturas, comentarios mordaces, burlas. Esto no le hace ningún bien a la "percepción" de cualquier gobierno o gobernante.

Claro que nadie aspira a que los gobernantes sean dioses ni personas "químicamente puras". Son seres humanos; pero eso no es excusa para que sus debilidades y acciones personales tengan que ver con la vida de la nación. Y, aunque a algunos les moleste, allí estaremos los periodistas para señalar lo incorrecto de esta situación...

 

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