Michelle Thompson, una mujer de 43 años, que puede tener 300 orgasmos al día, encontró la horma de su zapato o la incansable llave para su ansioso candado: su vecino Andrew, un divorciado de 32 años capaz de satisfacer su calentura.
Lo de Michelle no es un vicio sino una enfermedad llamada Síndrome de Excitación Sexual Persistente, que hace fluir más sangre de la debida hacia los órganos genitales propiciando el clímax y la excitación sexual.
Andrew es el primer hombre que está a la altura del reto de Michelle. Por su cama habían pasado muchos hombres. El primero aguantó sólo unos meses, incapaz de seguirle el paso. Hubo uno que duró cinco años, pero también tiró la toalla. Con su vecino ahora lo hace hasta 10 veces al día.