Iniciamos una nueva etapa litúrgica, el adviento, en la que disponemos el corazón para recibir al Emmanuel, que es Dios con nosotros. Tomemos en serio este tiempo especial y hagamos de él una experiencia única e irrepetible que nos haga avanzar en nuestra vivencia cristiana. El Adviento es una espera activa. Somos invitados a preparar el ambiente y a disponernos nosotros mismos para poder recibir en plenitud al que va a llegar.
ESTAD SIEMPRE DESPIERTOS
Lucas pone en boca de Jesús, en el marco del discurso escatológico (Lucas 21), el planteamiento de la parusía proclamada por Él mismo ante una futura llegada del Hijo del hombre. Los fenómenos que presenta el texto lucano no deben tomarse literalmente sino, más bien, como realidades teológicas que buscan generar en el creyente una preparación ante el retorno de Cristo al corazón del hombre.
Ante estas realidades, que se deben entender como la preparación espiritual para recibir a Cristo, se debe estar alerta. Y estar alerta es ir construyendo la vida con valores cristianos que reflejan la pulcritud ética de la persona. Debemos pues estar atentos en actitud de vigilancia y, consiguientemente, a la oración. La esperanza cristiana no es simplemente estar a la espera, no es aguardar, sino preparar los caminos para la pronta venida del Señor.
Tomado de la Revista Vida Pastoral de la Sociedad de San Pablo Año 37 – No 136.