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Una vez es suficiente

Maritza Reyes O. | Crítica en Línea

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Una vez es suficiente

María Alejandra, de 21 años, jamás se imaginó que entregarse al amor por primera vez la marcaría para toda la vida, y menos aún que la obligaría a mantener un terrible secreto.

En esta historia, están involucrados Efraín (ex novio de María Alejandra) y Ernesto, amigo de ambos. Los tres residen en un sector exclusivo, al oeste de la provincia de Panamá. Se criaron y jugaron juntos desde los cinco años. Hoy, tras 16 años de amistad, un oscuro pasado los atormenta.

Con ella conversamos en un estrecho pasillo de un centro universitario. Por unos minutos, se mostró reacia, pero luego de acordar cuáles serían las condiciones para iniciar la entrevista, nos confió el siguiente relato.

"Mi vida transcurría sin contratiempo. Vivo con mis padres y mis hermanos. Desde los 15 años, instruía sobre el catecismo y los domingos, después de la homilía, me reunía con un grupo de jóvenes en el corregimiento de Barrio Balboa. Cuando ingresé a la Universidad, suprimí estas actividades, para concentrarme en mis estudios.

Con Efraín tenía más de 10 años de sostener una excelente amistad. En febrero de 2005, entre juegos de adolescentes y la alegría contagiosa del Carnaval, acepté ser su novia. Nuestros padres aprobaron la relación.

Todo parecía marchar bien. Íbamos juntos a la playa, al cine y a la universidad, donde nos separábamos, únicamente, cuando él se dirigía hacia su facultad y yo a la de Medicina.

Una mañana, cuando estaba por concluir la cuarta hora de clases, Efraín marcó a mi celular para decirme que estaría esperándome en la parada de autobuses del almacén La Violeta, en Perejil. Llegué a la hora acordada, pero para mi sorpresa, no estaba solo. Ernesto lo acompañaba. Se rieron misteriosamente y me dijeron que iríamos los tres al cine.

Después de ese encuentro, mi noviazgo con Efraín se fue deteriorando, y Ernesto se convirtió en nuestra sombra.

En septiembre de este año, Ernesto llamó a mi casa en la madrugada, para decirme que se iba a morir, por lo que le urgía verme. Esa noche no concilié el sueño. Al día siguiente, antes de ir a la universidad, pasé por su casa. Se veía ojeroso. Acercó una silla y me escribió en un papel: "Efraín no te ha dicho que tiene SIDA y que me infectó". Por un momento, sentí escalofrío y un deseo inmenso de correr.

Cubrió su rostro con las manos y me explicó que el cruce de infección se produjo cuando decidieron abrirse una fisura en el dedo índice para sellar un pacto de hermandad. No le creí y salí de la habitación. Tres días después, nos tropezamos y me confesó que Efraín lo obligaba, todas las semanas, a sostener relaciones sexuales amenazándolo que si se resistía mataría a sus padres.

Por una semana, no salí de mi habitación. Al lograr reponerme, acudí a la Fundación Pro Bienestar de las Personas Afectadas por el VIH (PROBIDSIDA), donde en 24 horas me confirmaron el diagnóstico. Sé exactamente que el 23 de diciembre de 2008 fui infectada, porque ese día por primera vez, Efraín me sedujo, sin usar profiláctico.

Efraín ni Ernesto están enterados que mis exámenes resultaron positivo al VIH

sida.

No sé en realidad quién infectó a quién. Todos los días me pregunto por qué si eran amantes, me involucraron, por qué no me alejaron a tiempo. A ellos, no los he vuelto a ver".




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