Honduras celebra hoy las elecciones más cuestionadas de su historia moderna, sin el respaldo de gran parte de la comunidad internacional, que considera que no hay garantías democráticas para su realización, aunque sí apoyos significativos como el de Estados Unidos.
Casi cinco meses después del golpe de Estado contra Manuel Zelaya, Honduras encara unos comicios a los que tanto "golpistas" como "zelayistas" habían establecido como fecha de referencia para devolver la normalidad y restituir el orden constitucional.
La postura frente a las elecciones hondureñas trasladaron las tensiones por esa crisis fuera del país centroamericano.
A pesar de todo ello, el Gobierno de facto ha pedido a la OEA que envíe una misión de observadores a esos comicios, pero el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, aseguró que esa posibilidad "no se podría ni siquiera considerar".
El Parlamento Europeo se ha mostrado dividido sobre la legitimidad de las próximas elecciones, con el grupo mayoritario en la Cámara, el Partido Popular Europeo, junto a Conservadores y Reformistas, a favor del envío de observadores y los socialistas, liberales, Verdes o de Izquierda Unida en contra.
El gobierno de facto otorgó feriado el día después de los comicios para permitir que los hondureños viajen a sus pueblos a depositar el voto y retornen sin dificultad a los lugares donde residen.