¿Cuántas mujeres más van a tener que ser asesinadas para que se apliquen medidas efectivas de protección que preserven sus vidas?
¿Cuántos niños huérfanos y testigos de violencia tendrán que engrosar las estadísticas nacionales para que como sociedad nos organicemos en un frente común y exijamos el respeto a la integridad física, emocional y psicológica de las mujeres víctimas de violencia doméstica?
Pensé en una docena de títulos para encabezar este artículo, cuya finalidad es la de reiterar la situación peligrosa en que viven muchas mujeres en Panamá.
Al final, con la ayuda y sugerencia de mi hija más pequeña -de 17 años- pude perfeccionarlo, para que el mismo lograra trasmitir el respeto, la pasión y el coraje que merecen todas aquellas mujeres que han sido y son víctimas de violencia doméstica.
Respeto por todas las que por callar ya no están con nosotros, pasión para continuar luchando por las que sufren en silencio y coraje para infundirles a las que son víctimas de este flagelo, para que se atrevan a denunciarlo y sepan que no están solas en esta lucha.
SOLIDARIDAD
Pero también, hacer una llamado a la conciencia ciudadana para que como sociedad seamos solidarios con ellas, nos llenemos de coraje, dejemos de ser tan cobardes y de ocultarnos detrás del consabido "es un problema entre marido y mujer", para así no vernos obligados a exigirles a las autoridades que le den el tratamiento de Estado que este problema de salud pública se merece.
Cuándo comprenderemos que sólo unidos, y no con estrategias aisladas ni egocentrismos, es que realmente lograremos cambiar la realidad actual que se vive en nuestro país.
Tengo 12 años atendiendo víctimas sobrevivientes de violencia doméstica desde Colón hasta Chiriquí, y el denominador común que he encontrado entre todas es que se sienten aisladas de su familia, estigmatizadas por la sociedad, desprotegidas por el sistema judicial y muchas veces revictimizadas por el sistema de salud, cuando se atreven a decir la verdad al buscar atención médica.
Al estar escribiendo este artículo, me invade una gran frustración, al leer en el periódico que otra mujer, cuyo nombre era Isabel Franco, fue asesinada por su ex pareja de un disparo de escopeta en el pecho frente a sus tres hijos, a pesar de las múltiples boletas de protección que tenía en su poder, con su muerte engrosó la estadística a 58 femicidio en lo que va del año.
Dejemos de ser meros espectadores para convertirnos en defensores de la vida e integridad de todas las mujeres y niños víctimas de violencia doméstica.