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REFLEXIONES
"Oriente medio: una paz inconclusa"

Carlos Christian Sánchez C.
Tal como lo había mencionado cientos de veces, durante su campaña electoral de mayo pasado, Ehud Barak ha comenzado el largo camino para aplicar el Acuerdo de Wye, además de los demás tratados firmados con la Autoridad Palestina Autónoma previos a 1993. Aunque resulta inverosímil, también hemos sido testigos del desalojo de ciudadanos israelíes que tomaron días atrás, terrenos pertenecientes a los árabes palestinos. Las tropas judías, que una vez hicieron lo posible por conquistar la Tierra Santa para crear un Estado Nacional, ahora preparan la senda para lograr el pacto final o "status permanente". A principios de noviembre de este año, otro hecho insólito ocurrió cuando se concretó el corredor que comunica la Franja de Gaza y Judea, secciones que en el futuro conformarán una región autónoma amplia de los palestinos. Por más de cincuenta kilómetros, la carretera cruza el desierto del Neghev, abriendo el horizonte para acercarse más a los dos pueblos, antes enemistados a muerte. Los entendidos de la materia internacional consideran que el "plato fuerte" de las negociaciones de Paz para el Oriente Medio, avanzarán hasta el momento en que se discutan los derechos civiles y políticos sobre la sacrosanta Ciudad de Jerusalem, Al-Quds para los musulmanes. Israel esgrime derechos esenciales sobre la misma, cuando en 1980 declaró formalmente a la ciudad como su "capital indivisible". Recordemos que hace tres mil años, David conquistó la urbe canaíta, en los tiempos posteriores al Exodo. Por otro lado, los árabes musulmanes creen que en Jerusalem, desde el Domo de la Roca, ascendió el alma del Profeta Mahoma hacia las alturas divinas. Al-Quds es la tercera ciudad sagrada, en importancia, dentro del Islamismo. Ningún bando ha querido solventar las diferencias religiosas sobre la ciudad. Pero también existe el problema de los derechos de los fieles cristianos, para acceder a ella, debido a que en Jerusalem fue crucificado Jesucristo, además de la concurrencia de miles de creyentes a los templos de la urbe. Recientemente, en Noruega, la diplomacia norteamericana regresó a su tradicional papel de intermediario esencial para acercar a los árabes palestinos y a los israelíes. Con motivo de otro aniversario de la muerte del exprimer ministro judío, Ijtzak, Rabín, en Oslo se reunieron el presidente estadounidense Bill Clinton, Ehud Barak por Israel y Yasser Arafat por Palestina. Los tres grandes políticos reafirmaron el compromiso de usar los parámetros de las conversaciones directas, en la vía de solucionar el llamado "Status Permanente". Las cruentas batallas de las guerras árabe-israelíes son notables en los dos últimos personajes que mencionamos. En ellos, la tragedia de la pérdida de sus congéneres y amistades, les sirve de ejemplo para evitar que millones de jóvenes sean sacrificados en otro conflicto bélico, cuyo escenario virtual sería la Galilea, la Cuenca del Jordán o los Cerros del Golán Sirio. Barak fue un gran militar israelí, el mejor de todos. Empero, el postulado de la Paz llegó al corazón del guerrero de David, prefiriendo la palabra con razón que el extremismo político y religioso. Yasser Arafat, ese mismo que usted recuerda cuando lanzó ataques terroristas contra los ciudadanos judíos en todas partes del mundo, se ha convertido en un líder respetado, incluso por sus acérrimos adversarios, los fundamentalistas islámicos del Irán, el Líbano y Afganistán. Cambiar las armas y las granadas por un saco azul con una corbata colorida, debió haber sido un gran esfuerzo para este enigmático político musulmán. Empero, el turbante moteado permanece sobre la coronilla del exguerrillero de AL FATAH. En fin, si no ocurre algo extraordinario, como una guerra entre Israel y un Estado fundamentalista islámico, es posible que para el año 2001, veremos la convivencia pacífica entre los descendientes de Abraham. Será cuando la Tierra de la Promesa se convierta en la encrucijada de la Humanidad.
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