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Jueves 18 de noviembre de 1999


MENSAJE
Una noche en blanco

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Hermano Pablo

Lentas o apresuradas, según se miren, fueron corriendo las horas de la noche. La luna salió y se puso; las estrellas corrieron su carrera, las luces se encendieron y se apagaron, los pájaros diurnos se acostaron y los nocturnos chillaron y levantaron vuelo.

«Una noche se pasa como quiera, hasta colgando de un clavo», se dijo José Manuel Menguía, hispano que vive en Sâo Paulo, Brasil. Había pasado la noche entera caminando por las calles, desvelado por la droga. Y así pasó la noche siguiente, y la siguiente, y la siguiente, hasta sumar diecisiete. ¡Diecisiete noches en blanco por el polvillo blanco!

Así cuenta su historia este hombre joven, que vivió esclavo de la droga desde los diez años hasta los cuarenta. «Nadie sabe -dice él cuando cuenta su historia- lo poderosa que es esta cárcel sin rejas.»

Un día, deseando intensamente librarse para siempre de la moderna esclavitud, entró a un centro oficial de recuperación de adictos y allí encontró la libertad.

Pero ¿cuántos más andan por las calles, en las noches, buscando quién les venda un sobre blanco? ¿Cuántos hay que viven a medias, con la conciencia moral adormecida, la voluntad deshecha, el cerebro entorpecido? ¿Cuántos más hay, víctimas de una esclavitud de la cual ni se soñaba cincuenta años atrás?

El alcohol y la borrachera se conocen desde los tiempos de Noé; la violencia y el crimen, desde los días de Caín; la guerra, desde los tiempos que dos tribus rivales se disputaron el mismo territorio; la sodomía y la prostitución, desde que hay hombres y mujeres en este mundo. Pero la droga, en la escala colosal como se usa hoy en día, es reciente, muy reciente, de ayer nomás.

Al comenzar su uso, la euforia que produce la hace muy atractiva. Pero después, cuando su uso ya no es por agrado sino por esclavitud, no hay ni una sola persona, joven o anciana, hombre o mujer, que no quisiera estar libre de sus garras. Su comienzo es dócil y fascinante, pero su fin es feroz y cruel.

¿Habrá algún remedio para esta desgracia que ya es universal? Sí lo hay. Es un remedio poderoso y actual aunque también es un remedio viejo, desde antes que hubiera mal en el mundo, desde antes que los hombres cedieran a la tentación.

Este remedio es Jesucristo, el eterno Salvador. Cristo salva al drogadicto, al borracho, al dominado por cualquier pasión. Basta con que el necesitado clame a Él y haga de Él su Señor. Cristo nos ofrece su mano de salvación.

 

 

 

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