Hace 3 años, Víctor Cunningham, por la ambición de conocer Europa y conseguir siliconas para ser un travesti completo, no dudó en aceptar una gran oferta de viaje.
Pero no llegó a conquistar su sueño europeo, ni cambiar su apariencia.
Está marcado por el cruel destino. Desde los 12 años se inició en la homosexualidad y se debatió entre la pobreza, la orfandad y la prostitución.
La fantasía de cambiar su naturaleza biológica y el espejismo por surcar los océanos a través del cielo le salió cara. Ahora es parte de los 2,500 presos en La Joya, purgando 8 años por tráfico internacional de drogas.
"Soy de Curundú". Su voz sonó aguda, y en ese tono se confesó. "Consumía drogas. Me prostituía y conocí a un colombiano con quien no tenía ninguna relación. Me contactó, me hospedó en un hotel y comencé a delinquir con él".
Ese hombre que se esfuerza por parecer mujer, desde su máquina de coser dentro de los talleres de La Joya, contó la triste historia dentro del pabellón 2, donde comparte con tuberculosos, infectados de VIH y otros homosexuales que tratan de sobrevivir en el submundo de los barrotes.
"Me aventuré para llevar una buena vida y resulté convertida en "mula". Iba para España. No sabía que la droga iba en un doble fondo en la maleta. Me engañó (el colombiano)".
¡Nada valió la pena!, es su conclusión. "He llevado una vida fatal. Somos discriminados allá afuera y acá. No se puede vivir normal. Vivimos muy solos", narró.
Reveló que en la prisión los acosan y él ha sido apuñalado. La primera vez que se enfrentó a los barrotes tenía 17 años.
SUPERACION
Al son traquetero de la Singer vieja, Víctor pasa el día cosiendo. Con eso tendrá la oportunidad -más adelante- de aplicar para un permiso laboral, pero por ahora, junto a otros dos reos también homosexuales, se capacita entre agujas, hilos, gomas de colores y escarchadas, haciendo trabajos manuales a través de los cursos que ofrece el INADEH y el Ministerio de Gobierno.
El prisionero de 36 años y piel negra, no recibe visita. Tiene 5 hermanos huérfanos que nunca contaron con su padre ni madre. Ella, Juana María, murió cuando él tenía 12 años. A los 10 había sido abusado sexualmente en la escuela de Curundú.
"Me dañó la vida. He sido hasta prostituta. Ahora tengo miedo de ser paciente de VIH.. uno no sabe con quién se acostaba y tuve muchos contactos sexuales. Había tomadera de licor, marihuana y fumaba crack", reveló.
En la cárcel no tiene pareja sexual. Dice que no es permitido. Está solo.
Su peor golpe lo recibió cuando su hermana murió y el permiso para el funeral llegó tarde. Con eso "tocó fondo" y siente que no quiere vivir más el calvario de la cárcel después de haber estado detenido en 8 ocasiones por hurto. Esta ha sido la condena más difícil: 8 años sin recibir la visita de nadie.
En el 2008, cuando había ingresado para ser parte de los 11 mil detenidos en el Sistema Penitenciario, en Panamá había 7, 485 personas con SIDA entre los presos.
Los estudios indican que los presos se infectan antes de su incursión en la prisión.