Con una rapidez sorprendente, casi a la velocidad del rayo, las autoridades del Tránsito dieron a conocer a todo el país los aumentos en el pasaje. El anuncio lo hicieron en vivo y a todo color para que no quedara la menor duda, y los pasajeros no dijeran después que no habían sido advertidos de las nuevas tarifas.
¿Por qué no nos informan con esa misma velocidad y lujo de detalles, cuántas boletas le adeuda el transporte colectivo a la Autoridad Nacional del Tránsito? ¿Cuántos muertos y heridos han dejado los Diablos Rojos este año en las calles?, ¿Por qué, cuando las autoridades salen a recoger las bocinas escandalosas, al día siguiente en un gesto de poco importa, han sido colocados nuevos equipos de sonido más bullangueros aún? ¿Cuándo van a botar a los policías coimeros y a los conductores irrespetuosos?.
¿En que momento van a comenzar a aplicar la Ley 14, convertida en letra muerta desde el primer día de su aprobación?.
Este aumento del pasaje golpea sin contemplación el bolsillo de la población pobre en las zonas más apartadas, sin que se haya buscado una fórmula consultada y menos drástica.
El país entero exige una política de divulgación clara sobre los movimientos de oscilación permanente en los precios del combustible para saber de una vez por todas quienes se están enriqueciendo a costas del sudor de la población.
Hay que ponerle un alto a la explicación repetitiva de los precios de paridad con que la Dirección de Hidrocarburos sale a calmar a los consumidores cada vez que hay un aumento en este rubro.
¿Cuánto se ganan los productores con dada aumento, cuánto las refinerías, cuánto los monopolios y el Estado?.
El país entero espera una respuesta.