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El programa de riesgos profesionales de la Caja de Seguro Social ha mantenido un virtual e histórico superávit, con relación al porcentaje que arbitrariamente se le ha asignado como parte de la cuota obrero-patronal.
Sobre este hecho escueto, me voy a permitir realizar dos reflexiones. Por un lado, la asignación diseñada de esta manera, no permite que los otros programas como el de enfermedad y maternidad y el de invalidez, vejez y muerte, puedan obtener más ingresos adecuados que les permitan, al primero, hacer frente a las costosas tecnologías sanitarias que demanda una nación en transición demográfica y epidemiológica, y al otro, resolver el reconocido déficit actuarial que posee para satisfacer plenamente las erogaciones que exigen las crecientes pensiones y jubilaciones.
También es cierto que el sistema de salud necesita a gritos un cambio en el modelo de atención y de gestión, que permita hacer énfasis en la promoción y prevención, pero sin olvidar estratégicas que aseguren la equidad en el acceso a los servicios integrales a toda la población asegurada. Otra ruta de análisis que deberían explorar los convocados al gran diálogo que actualmente se realiza sobre los destinos de la seguridad social, sería explorar la factibilidad y la viabilidad de que el obrero panameño, empiece a recibir lo que le corresponde en un nuevo programa de salud laboral que tenga como elementos básicos, por lo menos, estos cuatro componentes: Prevención del nivel de salud y promoción del ambiente laboral sano, recuperación y rehabilitación médica, física y psicológica, compensación económica oportuna y suficiente, y reinserción laboral a nivel máximo de acuerdo con las capacidades residuales. |