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Yunus y Juleja

Hermano Pablo,
Costa Mesa, EU
Juntas las manos y fundidas las miradas, se juraron recíprocamente amor eterno. Iniciaban la vida juntos. Esa vida que, en el primer día al menos, está pletórica de promesas, de esperanzas, de visiones sonrientes. Juleja Shaik y Yunus Batol se casaron en Nasik, población de la India, a cien kilómetros de Bombay. Terminada la fiesta, ellos dos, más otras sesenta y dos personas, abordaron un ómnibus para dirigirse a Bombay, donde habrían de continuar los festejos. Pero a mitad de camino el ómnibus se desbarrancó. Cayó a un profundo abismo de cuarenta metros, haciéndose pedazos en la caída y regando cuerpos a uno y otro lado. Murieron veintiún niños, once mujeres, y la pareja de novios, Juleja y Yunus, que quedaron abrazados, juntas las manos, juntas las bocas y junta la sangre de ambos. Fue breve el tiempo en que estuvieron casados, pero feliz, intensamente feliz, impecablemente feliz. Nada tiene tanta importancia para el hombre como su vida de casado. Él no espera recibir tanta felicidad, tanto placer y tanta bendición de nada como del matrimonio. Nunca se hacen tantos votos de dicha como cuando suenan los acordes de la marcha nupcial. El matrimonio de esos dos jóvenes de la India duró poco, apenas unas cuatro horas. Por el brevísimo tiempo transcurrido, no hubo lugar para discusiones, desavenencias y reyertas. Disfrutaron de pocas horas de felicidad, pero fue una felicidad inmaculada. Ahora bien, ¿será posible mantener la intensa felicidad del día de la boda durante todo el resto de la existencia? ¿No será posible ser feliz, inmaculadamente feliz, no sólo el primer día, sino durante los primeros treinta años, cuarenta años, cincuenta años? ¿Por qué tiene que morir la felicidad conyugal, a veces dentro de la primera semana de matrimonio? Hay parejas que han perdido su felicidad, y no por accidente ni desgracia, en la misma noche que debió haber sido la más hermosa de todas. Y todo por la incomprensión. ¿Es posible mantener una felicidad apreciable durante toda la vida matrimonial, dure ésta cuanto dure? Sí, es posible ser felices, marido y mujer a la par, todos los días de la vida y todos los años del matrimonio. Pero tiene que ser un matrimonio con Cristo a la cabeza, dedicado y consagrado a Él. Porque Cristo es la fuente de toda felicidad, toda comprensión y todo genuino amor.
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